LLevar grabado el nombre de Jesús es la manera sencilla de
entrar en el combate. Que se te note
La Sagrada Escritura nos invita a combatir .
A eso hemos sido llamados, a luchar por Dios, a gastarte por
Dios, a incluso recibir heridas por El; esas son las señales de amor.
Tenemos que dejar muy claro en nuestro corazón y en nuestra
mente que la paz tiene un precio y que algunas veces ese precio hay que pagarlo
en el dolor que padecen nuestros corazones
Tenemos que llegar al cielo con surcos de lágrimas que han
brotado de nuestros ojos por tantas cosas .
Nos dice la Escritura:
“cuando vio a Jerusalén, lloró” (véase San Lucas 19,41), Jesús
lloró. -¡Ay, si tú reconocieras la visita del dolor!- y se le arrasaron en
lágrimas los ojos, porque amaba a Jerusalén, porque le dolía la dureza de esos
corazones, pero ese dolor no le quitaba ni la paz, ni la misericordia, ni la
oración, ni el amor.
Santa Cecilia que iba a ser martirizada, según cuenta la
historia, el día mismo de su martirio se despertó muy temprano y en la
madrugada cantaba alabanzas a Dios y dijo a sus compañeros de martirio: “
ánimo, soldados de Cristo, pronto llega la victoria”.
Los cristianos bebemos del futuro para vivir el presente; y
permanecemos en el combate así nos hieran, y predicamos la paz en medio de las
guerra.
Que sea la gloria y la alabanza para Jesús y que haga de
nosotros dignos discípulos suyos, gente que lleva su nombre a todas partes.
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