De ningún Dios se ha dicho lo que se dice del Dios de Israel, el Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo. Así como es de grande su poder, así es grande su perdón.
¿En dónde podemos descubrir especialmente la grandeza de Dios, su presencia en nuestras vidas, su misericordia, su cercanía? En el perdón. "No olvidéis las acciones de Dios" Salmo 77,12. Cada quien haga memoria, mire dese cuándo lo ha amado Dios, qué ha hecho por él, con cuánta paciencia lo ha esperado.
¿Acaso nosotros le respondimos a Dios cuando empezaron a llegar las suaves caricias de su Espíritu, las primeras mociones de su gracia? Y después de que nos convencimos de que Dios nos amaba, ¿hemos vivido en perpetua gratitud, en absoluta generosidad, en total alabanza? Yo creo que no. Pero Dios ha tenido paciencia con nosotros.
Esa paciencia no es para que nos endurezcamos ni en la indiferencia ni en la ingratitud; esa paciencia es para que se conmueva por fin nuestra alma y se dé cuenta de que Dios es muy generoso. Y luego, cuando nos llamó especialmente a su servicio, como dice aquella canción: "Cuando nos miró a los ojos, cuando pronunció nuestro nombre", ¿qué nació en nosotros de ahí?
¿Nació esa resolución total que vemos en la vida de tantos santos, esa resolución absoluta de darse totalmente a Jesucristo y a su Evangelio, de prepararse con fervor y con amor para un día quemarse totalmente para Él? De pronto no.
De pronto vamos ahí como a empujones, ahí como arrastrados, de a poquitos, de a poquitos, como si se tratara de algo ajeno a nosotros, como si estuviéramos trabajando para un desconocido.
"Hay que sacudirse entonces el peso que nos estorba" Carta a los Hebreos 12,1, como dice la Carta a los Hebreros; hay que ver las señales que Dios nos da: en nuestros hermanos, en nuestras familias, en los laicos de los grupos, en profesores, en estudiantes, en la miseria del mundo.
Por todas partes Dios nos está dando señales a la vista de todos, y en esas señales nos está llamando a una vida verdaderamente consagrada, una vida en verdadera gratitud, una vida en verdadera alabanza, una vida que valga la pena.
Pero escapa de nuestras manos esa constancia, esa firmeza, esa generosidad, eso escapa de nuestras manos. Pues bien, Precisamente las señales que Dios nos ha dado son señales que apuntan a una certeza: "Yo voy a estar contigo, yo no te voy a dejar solo, yo voy a estra contigo; emprende un camino nuevo, un camino de renovación de tu bautismo, de renovación de tu consagración; empréndelo hoy, empréndelo que yo voy a estar contigo, yo no te voy a dejar solo".
Estas palabras, las palabras de Dios, penetren en nosotros. "No olvidéis las acciones del Señor" Salmo 77,12, no olvides lo que ha hecho por ti, no olvides lo que quiere hacer contigo, no lo olvides, jamás lo olvides. El descubrimiento de la misericordia; y desde ahí, la práctica de la compasión, especialmente por el testimonio de las buenas obras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario