domingo, 10 de agosto de 2014

Participación


Hay que saber que esa es la participación nuestra . Hay que saber que esa es nuestra cuota, unida al impuesto que paga Jesucristo, sin tener que pagarlo.
Cuando sintamos eso, ese desconcierto, ese desasosiego, esa falta de fervor, esa falta de interés por las cosas que sabemos que son las más interesantes, la falta de amor por las cosas que están más llenas de amor.Cuando eso suceda, tenemos que saber que estamos uniéndonos a aquel pueblo humilde, que fue desterrado, aunque, ciertamente, no era inocente; y a los padecimientos del Señor Jesucristo, aunque, ciertamente, nosotros no somos inocentes.
Hay que dejar que aparezca la gloria de Dios, no sólo en los días grandes, en los días de las grandes celebraciones, en los días de las grandes decisiones.
Que Dios nos dé ojos para percibir la gloria de Dios también en el día opaco, en el día gris, en el día que no tiene nada de particular, en el año en el que nada sucede, en el tiempo en el que parece que todos se hubieran olvidado de nosotros, que también ahí tengamos ojos para descubrir la gloria de Dios.  Para alegrarnos con una sonrisa de satisfacción, como seguramente se alegró Pedro cuando aquel pez picó el anzuelo y llevaba dentro la moneda para pagarle impuesto a este
mundo.

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