Si el pecado ha destruido el corazón humano, no es sólo el corazón humano el que se ha dañado, sino que, puesto que el ser humano es como el administrador de esta finca, que se llama el universo; si el administrador anda mal, la finca anda mal, porque la finca sólo puede sólo puede volverse hacia Dios, sólo puede ser alabanza al Creador, en los labios, en el corazón, en la bendición del ser humano.
La creación entera entonces está destruida, esto lo dice claramente San Pablo, allá en el capítulo octavo de Romanos, pero el asunto tiene solución. Y María es una imagen realizada, es como el sacramento de la gracia, la Santísima Virgen María; es que en Ella, Dios puede hacer el Universo como quería hacerlo.
Hubo un filósofo, Aristóteles, que dijo una frase, que le encantaba a otro filósofo, el teólogo, Santo Tomás de Aquino, dijo Aristóteles: “El alma humana, de alguna manera es todas las cosas”, porque cuando nosotros contemplamos, comprendemos, amamamos las cosas, de alguna manera existen ya, no sólo fuera de nosotros, sino en nosotros.
Pues bien, hay que decir, que a través de los ojos, de la oración, del corazón, del amor, del entendimiento, de la voluntad también de la Santísima Virgen María, el Universo conocido, contemplado, amado y ofrecido por Ella, vuelve hacia Dios.
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