Es la intimidad con el Señor la que transforma nuestros ojos para que aprendan a mirar la historia como Él la ve. Es la intimidad con el Señor la que le da a nuestra palabra autenticidad, fuerza y también sabiduría, gracia, capacidad de consuelo, capacidad para restaurar el corazón humano y edificarlo según el plan divino.
"No hace nada el Señor sin revelar sus secretos a sus profetas" Amós 3,7. Esta expresiónos hace recordar aquella otra que dijo Jesús a sus Apóstoles, declarándolos amigos suyos. "Todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer" San Juan 15,15, dice Jesús.
La cercanía con Jesucristo, es la única clave que nos permite sobrellevar las dificultades, y no trastornarnos ni envanecernos en los triunfos.
Y ha habido gente que ha tenido esa experiencia, porque San Pablo dice: "Nosotros tenemos el pensamiento de Cristo" 1 Corintios 2,16, allá en una de sus Cartas dice: "¿Quién ha conocido la mente del Señor? Pero nosotros tenemos el pensamiento de Cristo" 1 Corintios 2,16.
A través de la oración, a través de la lectura de la Palabra, a través de la meditación, a través de esa actitud humilde que hace que nos dejemos enseñar, vamos aprendiendo los caminos de la intimidad con Dios. Y dese allí, como los discípulos, tenemos una palabra eficaz.
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