Quédate un momento en silencio, aprende a reconocer los caminos del Señor y descubrirás que Él está obrando. Pero, tienes que dejar de gritar, tienes que dejar de vociferar y quejarte: "¡Ay, pobre de mí! ¡Ay, todo lo que me sucede!" “He aquí a tu madre”. Atrevámonos a recibir a María como Madre. Atrevámonos a pedirle formarnos, enseñarnos para que nos hagamos hijos de Dios, hermanos de Jesús abiertos a la Salvación, hombres y mujeres dóciles al Espíritu Santo como María y los Santos. (…)
Coloquémonos bajo la protección de esta madre que Jesús nos dio y aprendamos a obedecerle. No me pidan cómo se hace, no tengo las palabras para decirlo. Sencillamente, recen a María para que les de a conocer a Jesús, y si estáis atentos, descubrirán cómo María nos da a luz en el Espíritu. (…)
La Cruz es la expresión ostentosa del amor divino. Dejémonos atraer por Él, guiados por María y en la escuela de los santos. (Ezequiel está junto a los desterrados en tierra extraña, y allí se hace presente la gloria de Dios; también en la tierra extraña, la tierra que se ha vuelto incapaz de aceptar los designios de Dios, se hace presente la Gloria de Dios, en la palabra, en el corazón, en las obras de Jesucristo.
Jesucristo es la gran manifestación de la gloria de Dios, que llega a su tierra, pero la encuentra como tierra extraña. Jesucristo lleva en cierto modo vida de desterrado, es la gloria de Dios en el destierro, así como Ezequiel pudo contemplar la gloria de Dios en la tierra de los caldeos.
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