Iban de camino con algunos frailes, de pronto pararon en un claro del bosque, y Francisco, con esa sencillez, ese candor y ese carisma extraordinario, empieza a llamar a los pájaros para que escuchen la predicación; y entonces, llegan bandadas de pájaros y se posan en los árboles y se ponen a escuchar al predicador Francisco de Asís.
Francisco habla, entonces, de las grandezas de Dios, de lo importante que es cantar bien para el Señor, de todo lo que significa, en ellos, como belleza y alabanza en la creación. Termina el sermón, les da la bendición y entonces los pajaritos se van. Típicamente franciscano!¡Hermosamente franciscano! Hay que predicar a toda la creación. Entonces San Martín les llevaba al patio, a determinadas horas, les llevaba el alimento a los ratoncitos. Llegaban los ratoncitos, comían ahí, ya no iban a la despensa, y así los ratoncitos pudieron alimentarse. San Martín quedó contento.
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