sábado, 23 de agosto de 2014

Siga


Jesús, y quien siga a Jesucristo, se convierte en un signo de contradicción, así se lo dijo Simeón a la Virgen María y así tengo yo el gusto de repetirles a ustedes en esta tarde; el que siga a Jesucristo, con todo su amor y con todas sus consecuencias, se convierte en un signo de contradicción y el mundo, en buena parte, tratará como una especie de aplanadora, tratará de que tú quedes al mismo nivel de promiscuidad, al mismo nivel de mediocridad, al mismo nivel de vulgaridad.
Esto significa que ser cristiano,  implica a atreverse a ser distinto, y esto cuesta trabajo, porque es terrible quedarse sin amigos, porque es terrible que a veces a uno lo excluyan, eso es muy fastidioso y muy doloroso.
 Jesús es la respuesta, claro que sí; pero Jesús, antes de ser respuesta, es una pregunta.
Cristo es la respuesta, pero antes Cristo es la pregunta; segunda enseñanza de este evangelio: el que siga como Cristo, se va a convertir también en pregunta para otras personas y esto significa arriesgarse a ser diferente, arriesgarse a ser coherente.
Arriesgarse a ser coherente, arriesgarse a ser auténtico es difícil; pero aquí está nuestra tercera enseñanza. Mira lo que Cristo le dice a San Pedro, Pedro dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” San Mateo 16,16, y Jesús le dice: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” San Mateo 16,18.
Pero antes le dice: “Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque eso no te lo reveló la naturaleza humana, sino mi Padre que está en los cielos” San Mateo 16,17.
Sí, “mi Padre que está en los cielos” San Mateo 16,17, esto significa que para comprender el enigma, para responder la pregunta qué es Cristo, no se arriesgue usted con sus solas fuerzas humanas, porque le puede pasar una de estas tres tristes historias que le voy a contar.

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