sábado, 23 de agosto de 2014

Esfuerzo

 
Invitación a llevar una vida digna de la gloria de Dios; llevar una vida, podríamos decir, una vida gloriosa, no por una especie de esfuerzo imitativo nuestro, sino por una lógica consecuencia de la presencia de Dios en nosotros.  Aplicar esta lectura a nosotros, recordando lo que nos dice San Pablo, que "nosotros somos templo del Espíritu" 1 Corintios 3,16, nos invite a llevar una vida gloriosa. De ella nos habló Cristo. Dijo que, "fueran tales nuestras obras, que, la gente al verlas, diera gloria a Dios" San Mateo 5,16. Esa es una vida gloriosa, una vida impregnada de la gloria de Dios.  Este deseo de que amen a Dios, pues de alguna manera me lleva a mí mismo a desaparecer, y es lo que nos dice Cristo: "El que se humilla será enaltecido" San Juan 18,14, y también advierte: "El que se enaltece será humillado" San Juan 18,14.
Hemos sido convocados,  a una vida gloriosa, a que nuestra vida sea templo y a que nuestras obras sean tales, que quien nos conozca pueda saber algo de Dios, y quien nos ame pueda elevarse hacia el amor divino.
Recibiendo nosotros el Alimento Eucarístico, somos habitados por Dios. Que la humilde gloria de ese alimento, acompañe nuestros pasos en este tierra, y nos conduzca un día a la contemplación del Cielo. Jesús viene a convertirse en una interrogante en nuestras vidas. Desde el principio hasta el final de su existencia, Jesús mismo, casi diría yo, incluso sin hablar, se convierte en una pregunta.

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