sábado, 2 de agosto de 2014

Admitir

Acoger ya la misericordia, realizar ya en nosotros esas transformaciones, esos cambios ya, ya, admitir hoy ser modelados, y no tener temor alguno.
La vida cristiana puede parecer una vida de temor, pero sólo para aquel que no acepta reformarse, que no acepta el mensaje de la gracia, de la misericordia; puede parecer cruel, puede parecer un mensaje de miedo para esa persona; pero para el que acepta la misericordia, no existe realmente una palabra de temor sobre el juicio. En esto nos habla la Biblia muchas veces, sobre todo en la Primera Carta a los Tesalonocenses.
Voy a acoger la misericordia de Dios, Acogiendo los regalos de Dios, recibiéndole los regalos a Dios; los regalos de Dios, ese amor con que quiere cambiarnos, son los dedos que modelan mi barro. La casa del alfarero es el lugar donde Jeremías recibe y desde donde Jeremías nos ofrece esta hermosa enseñanza: Dios es el alfarero, y nosotros, barro en sus manos. ¿Cómo podemos traducir esta imagen tan elocuente por sí misma? ¿Qué nos enseña? Muchas cosas.
Ante todo nos enseña la majestad, el poder de Dios. Estamos en manos de Dios, y Dios es soberano, Dios el el Señor; Él nos hace y Él nos rehace. Porque la verdadera expresión de la sabiduría divina está precisamente en esto: Él nos hace y Él nos rehace.
Él nos hace significa que Él nos crea, y Él nos rehace significa que Él nos redime. El mismo Creador es el Redentor. Sólo puede redimirnos aquel que sabe de qué estamos hechos y cómo estamos hechos. 

La proclamación de la sabiduría divina es también la proclamación de la unidad en el plan de la creación y en el plan de la redención. Además, el único que puede rehacernos es aquel que nos ha hecho. Y esto significa que no tenemos que buscar en otro la salvación, sino únicamente en nuestro Autor, en nuestro Creador, en nuestro Señor.
No podemos esperar la redención de las creaturas, así se llamen espíritus, maestros, luces, energías, elementos, no importa qué mitología antigua o moderna, como es la New Age; no importa qué mitología utilicemos, el único que puede rehacernos es Aquel que nos ha hecho, ese es Dios, a quien con justicia llamamos Nuestro Señor. 

Esto tiene también una enseñanza, llamémosla moral, para nosotros. Si Dios tiene el derecho y la posibilidad de rehacernos, correspondientemente nosotros tenemos el deber, la responsabilidad de dejarnos rehacer.

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