domingo, 3 de agosto de 2014
Mèxico
México es de los países con mayor riqueza natural y Chiapas sobresale no sólo por su belleza sino por la gran riqueza que posee. Sin embargo no podemos disfrazar la realidad: la pobreza y el hambre siguen mordiendo en nuestro territorio y parecen crecer ante la apatía e indiferencia de muchos. Mortandad infantil, insalubridad, hambre, alcoholismo, analfabetismo, enfermedades de la pobreza… son pan de cada día. Niños desnutridos y mujeres anémicas claman justicia en un país que habla de incorporación al primer mundo, de millones en seguridad y armas, de gastos ingentes en naderías… y no somos capaces de saciar el hambre de nuestros hermanos. El hambre no se reduce a municipios rurales e indígenas, hay enormes cinturones de miseria perdidos en las grandes ciudades que a veces pasan desapercibidos. ¿Dios lo quiere así? ¡Mentira! Dios nunca ha querido el hambre ni el dolor del hermano. Basta escuchar con atención a los profetas del Antiguo Testamento, sus más graves denuncias y condenas son para quienes, viviendo en la opulencia, dejan en la miseria a su prójimo. El grito de los pobres clama al cielo y no podemos voltear la espalda. No podemos quedar en la indiferencia e ignorar a los hermanos.
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