"Jesús tomó la decisión de ir a Jerusalén" San Lucas 9,51. "Jesús emprendió resueltamente el camino de Jerusalén". Se trata de un momento importante en la vida del Señor; un momento, en el que Él le da una dirección a su misión.
Los Evangelistas utilizan expresiones como: "Recorría las aldeas y los pueblos anunciando el Reino de Dios" San Lucas 8,1.
Jesús iba de una parte a otra, y ¿qué le movía en esa etapa de dar vueltas? Eso también nos lo dicen los Evangelistas; San Marcos: En alguna ocasión le dice Pedro: "Todo el mundo te busca". Jesús responde: "Vámonos a otra parte. Tengo que anunciar en otras ciudades el Reino de Dios, en otros pueblos, en otras aldeas" San Marcos 1,35-39.
Jesús anunciaba el Reino de Dios: "Leía y predicaba en la Sinagoga, según su costumbre" San Lucas 4,16., dice en algún lugar el Evangelio. "Curaba a los enfermos, expulsaba demonios, limpiaba leprosos" San Marcos 1,34.
Algunas veces organizaba pequeñas misiones, enviaba a sus discípulos por delante a distintos pueblos, y luego, Él seguía detrás de ellos, sanando, perdonando pecados, exorcizando.
Jesús intenta como recorrer las ciudades de Israel, para dejar en todas ellas, con palabras y con obras, el anuncio de que Dios reina. Le mueve a eso, el afán de la gloria de Dios y una compasión entrañable por el ser humano.
"Tomó la decisión de ir a Jerusalén" San Lucas 9,51. Si Jesús no toma esta decisión, hubiera podido seguir recorriendo pueblos y aldeas.
Quedaban todavía muchos ciegos por curar, muchos paralíticos por sanar, y sobre todo, quedaban muchísimos pecadores por perdonar. Todavía le quedaba bastante trabajo. En toda esa Palestina, Jesús tenía todavía bastante trabajo.
Lo que se nos dice aquí, a finales del capítulo noveno de Lucas, no es solamente, que se puso a caminar hacia Jerusalén. No era como ir a otro pueblo, otro pueblo más entre los muchos pueblos, otra ciudad más. ¡No! Aquí no sólo hay un cambio geográfico; hay un cambio de actitud, hay un cambio de estrategia.
Hay un cambio en Jesús. Jesús va hacia Jerusalén, y nosotros sabemos, por el Evangelista Lucas y por los demás, que de ese viaje no va a volver.
Empieza diciendo esta traducción: "Cuando se iba cumpliendo el tiempo de ser llevado al Cielo" San Lucas 9,51.
No es una ciudad más, es la última ciudad a la que Jesús va a ir. Esto sucede a finales del capítulo noveno de Lucas, que tiene unos veinticuatro capítulos; o sea, que quedan muchos capítulos todavía, queda mucha vida de Cristo, mucha vida para una sola ciudad, mucha vida para una sola estrategia, mucho camino para una sola decisión.
Jesús con esta decisión, le dio la forma final a su vida. Esta fue la decisión que configuró su vida, que le dio el aspecto final a su modo de estar entre nosotros en esta tierra.
El mismo Lucas nos dice, que organizó una misión con setenta y dos discípulos; pues, luego, hubiera podido organizar otra misión más grande.
Poco a poco, el Evangelio hubiera ido cundiendo hasta que hiciera un gran congreso de discípulos, por allá en Jericó, un gran congreso de discípulos de Jesús de Nazareth. Y allá reúne doce mil discípulos, y sigue creciendo hasta que, luego, se le mide a las ciudades paganizadas, Tiro, Sidón, Fenicia.
En ese esquema no hay Cruz. Jesús se fue a Jerusalén por una sóla razón: se fue buscando la Cruz. Y por esta calidad, por esta profundidad de decisión que Él ha tomado, le oímos las respuestas que le hemos oído. Jesús se vuelve radical.
“ San Lucas 9,61.¡Esto es serio, muy serio! "Las zorras tienen madriguera y los pájaros nido. El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza" San Lucas 9,58.
Por la calidad de decisión que Jesús ha tomado, habla así a las personas: "El que echa la mano al arado y sigue mirando atrás, no vale para el Reino de Dios" San Lucas 9,62.
Ellos iban caminando también, se sentían "comandos especiales". Y en eso, llegan a la primera aldea: "¡Ah! ¡Qué vamos a recibirlo aquí!" San Lucas 9,52-53.
Santiago y Juan, que amaban la radicalidad, le dicen a Jesús: "¡Señor, no te recibieron! ¿Fuego contra ellos?" San Lucas 9,54. Y Jesús, ahí, los deja confundidos, "se volvió, y los regañó" San Lucas 9,55.
Jesús ha cambiado de estrategia, ha cambiado de actitud, pero no ha cambiado de corazón. El mismo amor que le ha llevado a sanar tantas personas, el mismo amor con que ha perdonado a tantos pecadores, está vivo.
Jesús no avanza hacia Jerusalén en un camino de victorias de guerra. Es la victoria del amor. Si Él va hasta Jerusalén, es para poder amar desde Jerusalén a todos, es para poder ofrecer en Jerusalén un testimonio de amor, que sea mayor que cualquier congreso de discípulos de Jesús.
Si Jesús se va hacia Jerusalén, es para rasgar su Carne, y con su Carne, el velo del templo; es para inaugurar un tiempo radicalmente nuevo. La radicalidad de Jesús, no es violencia contra el hombre, sino es misericordia de Dios. Y la verdadera radicalidad, es la radicalidad del amor. La única radicalidad que cambia este mundo es: "¡Sí! ¡Me resuelvo a amar!" Eso es lo único que cambia el corazón humano.
Jesús ya había visto, que una persona recién sanada de su enfermedad, podía seguir siendo desobediente. A cuántos no les dijo: "Mire, no le diga a nadie, no le diga a nadie" (véase San Marcos 1,44-45). Entre otras cosas, podemos creer, que les decía esto, como una invitación a que cada uno profundizara, encontrara el sentido, no sólo el hecho, sino el sentido del milagro. “
“¡Bueno, bueno, a ver, una señal en el Cielo!" San Mateo 16,1.
El corazón humano no va a cambiar con señales en el Cielo. No es ese cielo, el que tiene que recibir señales. Es este corazón, el que tiene que volverse cielo, para que en ese cielo, Dios escriba su Palabra.
El corazón humano, sólo se vuelve cielo, con una expresión nueva, radical, definitiva, infinita de amor. Y eso sólo era posible, por el camino de la Cruz.
Jesús tomó, resueltamente, el camino de Jerusalén. Como ya había señales de oposición y de persecución, Jesús va a Jerusalén como el que va a la hora de la verdad, como el que va a ser juzgado y a juzgar, como el que va a ser vencido y a vencer. Y eso fue lo que sucedió.
Vencido en la Cruz, Él es el triunfador. Muerto dolorosamente, gloriosamente resucita. Ahí sí, ahí sí nace un amor nuevo. Si de ahí ha nacido la Iglesia, ahí se renueva la Iglesia. Si de ese Amor ha nacido todo en la Iglesia, todo en la Iglesia se renueva con ese Amor.
No son los buenos propósitos, ni los propósitos, llamémoslos así, piadosos, o administrativos, o ascéticos, no es eso, lo que cambiará a la Iglesia. Es un renovado amor, es una resolución de amar a Dios, una resolución, que la da el Espíritu Santo en el corazón empecinado del ser humano.Es la resolución de amar a Dios, la resolución de darle la gloria a Él: "Señor, como Tú quieras, como Tú quieras".
El camino de Jerusalén, podemos decir,que hoy lo escoge Jesucristo. Pero si Jesús lo escoge, es porque descubre que el Padre lo ha escogido para Él: "Como Tú quieras, Señor; por el camino que Tú quieras".
La Iglesia nace se renueva De ahí, de un amor , de un amor hasta el extremo, de un amor hasta la Cruz. Lo demás es muy relativo.
¿Su corazón está lleno de alabanza …? ¿Está lleno de amor, de compasión y de misericordia, o de qué? "Misericordia quiero y no sacrificios" San Mateo 9,13; San Mateo 12,7.
Jesús, pasa por nosotros, . Llega a nosotros, y danos esta invitación. Gánanos con tu Espíritu, Señor, para que comprendamos de qué Amor ha nacido la Iglesia y en que amor se renueva. Amén