2Esta cultura prefiere permanecer en un “carpe diem adolescente”, convenciéndonos de que se puede ser feliz sin sufrir, sin esperar, reinando el “analfabetismo emocional y espiritual”. La cultura del “ya” nos anula como personas, porque el ser humano es un ser siendo. No es ya; siempre es “siendo”, va siendo con el otro, haciéndose cargo de sí mismo y de sus elecciones. Para ello debe tomar la vida en sus manos.
Vivimos el mundo de “consulte al experto”. Nadie se hace cargo de nada. Si seguimos siendo irresponsables con nosotros mismos es probable que nos condenemos a una inmadurez existencial crónica que nos deje “niños inmaduros” frente a la realidad del mundo y de las personas que nos rodean. El ser humano transforma el mundo en el que vive transformándose a sí mismo. “Nuestra humanidad biológica necesita de una confirmación posterior, algo asi como un segundo nacimiento en el que por medio de nuestro propio esfuerzo y de la relación con otros seres humanos se confirme definitivamente el primero.”
La felicidad es posible. Pero es posible encontrarla mientras menos la busquemos y más nos dediquemos a vivir cada momento en plenitud. Nos quieren convencer que la puerta de la felicidad se abre hacia adentro, por eso estamos cada vez más autistas, aislados de nuestros vecinos, de nuestra familia, de nuestros amigos y de nosotros mismos. Hemos perdido el contacto con nosotros mismos y con nuestra comunidad, porque nos vendieron que “la felicidad está en uno mismo”. Para la Logoterapia, teoría existencial que subyace en mí por mi profesión, como persona en los tantos pueblos que Dios me ha permitido compartir y que es eje filosófico la felicidad está en salir de uno mismo, en la trascendencia .
Si el ser humano se concentra en los demás, en la vida, en los valores vivenciales (lo que recibe del mundo, amor, naturaleza), si se concentra en lo que puede aportar al mundo, los valores creativos (trabajo, capacidades creativas, lo que da al mundo), entonces quizás la felicidad cuando menos lo espere, esté posada sobre su hombro como una mariposa. Ahora mismo, fluye emocionalmente estoy feliz, porque he vivido por muchos cristalizarse en cada experiencia vivida y celebrada.
Es el sentido de la vida, el sentido de cada momento y el sentido último de la vida, sentido que se construye con nuestras acciones cotidianas, acciones que reflejan valores y actitudes que nos conducen a la felicidad o infelicidad. Esto es un milagro que nos ocurre, que ocurre en la vida, si queremos. Es aprender a mirar; aprender a captar lo maravilloso y lo fantástico en la cotidianidad de la vida. Ver lo maravilloso que está pasando hoy mismo, aquí mismo, ahora mismo, en mi vida, en mi trabajo, en el deporte , en la comida que preparo para mi y para los que me rodean, lo maravilloso está ahí. No precisamos un cambio espectacular para que lo fantástico y maravilloso y sencillo ocurra. Solo estemos despiertos para verlo y valorarlo. Estar atentos a esto, reaccionar ante la aparente felicidad de correr detrás de lo divertido.
Tenemos que superar el empacho desempacharnos de cosas, de vínculos tóxicos, de vida tóxica, para recuperar el sentido, el camino y el deseo. Es un camino para volver a ser personas, una persona y no un animalito que flota por el bosque buscando algo que lo empache para luego dormirse una siesta. Así estamos, durmiendo la siesta, una siesta eterna que nos deja atolondrados frente a lo que queremos y podemos hacer para cambiar. Es una invitación a despertarnos, a dar lo mejor de nosotros para cambiar nuestro destino, a no creer que “todo está inventado” y ser parte del nuevo mundo que nos espera, valorando la guía de Dios, maestros , profesores, autores destinatarios, compañeros, amigos/as, sacerdotes, religiosos/as, Obispos, Cardenales todos/as que han acompañado mi vida.
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