Dentro de este marco referencial del amor, cabe destacar que el alma de la Misión es la MISERICORDIA, que es una faceta del Amor.
La Misericordia nos debe ayudar a perdonar a todos los que consciente o inconscientemente le han hecho mucho daño al mundo.
Sólo la Misericordia, sólo el perdón, sólo la reconciliación, sólo el juzgar el acto y no la persona, sólo el entender que si estuviéramos en el mismo lugar y en las mismas condiciones que todos los que han actuado mal, habríamos hecho lo mismo que ellos, hará que nuestra civilización dé el salto cuantitativo y tenga la evolución debida para que entremos en ese nuevo nivel de conciencia trascendente que nos lleve a la civilización del amor.
Esta nueva etapa en nuestra civilización, no podemos traer lastres que nos anclen a la anterior. Cuando se quiere superar un vicio, cuando se quiere cambiar de vida, hay que ver hacia delante y anclarse en nuevos principios y fundamentos, en nuevas motivaciones. Sabiendo lo dolorosa y negativa que ha sido nuestra anterior condición de vida, hay que iniciar esta nueva etapa partiendo de una base sólida, como es la misericordia, que nos garantiza el éxito.
La Misericordia que tiene Dios con los seres humanos que están arrepentidos y le piden perdón. La Misericordia que debemos de tenernos los unos con los otros, pues aunque muchos nos han hecho daño, nosotros también o bien no hemos hecho el bien que debíamos hacer, o bien hemos hecho el mal que no queríamos hacer.
En la Misión, tenemos que reconocernos pobres pecadores, tenemos que reconocer que fuera del tronco de Dios nada somos, tenemos que reconocer nuestros propios errores y entender que al igual que nosotros, los demás también han equivocado su camino en mayor o menor medida, por acción y por omisión.
La Misión empieza por amarnos los unos a los otros, perdonarnos los unos a los otros, ayudarnos los unos a los otros. EN ESENCIA DAR Y DARNOS LOS UNOS A LOS OTROS, es EL SECRETO para llegar a la verdadera civilización, la Civilización del Amor.
La civilización actual surge de seres humanos abrumados por el pecado original y este lastre nos liga a toda una serie de errores, pues como barro que somos nuestro punto de partida se inclina más hacia el mal, y el bien es el premio que tenemos y debemos conseguir. Igual que por una mujer vino el pecado al mundo, por una Mujer, Dios mandó a su hijo a redimir el mundo. Por un hombre salimos del Paraíso, y por un Hombre Dios nos dió la posibilidad de regresar a él.
En nuestra civilización, el máximo exponente del amor de Dios, es la cruz, pues es a través del sufrimiento que se llega al verdadero amor.
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