No está el cristianismo en que sean maravillosos, extraordinarios los hechos que acontecen, lo verdaderamente extraordinario, lo maravilloso es que alguien se despoje de sí mismo, que alguien quiera perder algo por sus hermanos/as, que alguien dé algo de sí; eso sí nos hace semejantes a Cristo.
Es ese amor el que, por siglos y siglos, sigue alimentando nuestro corazón, para que nosotros entendamos.
El gran Apóstol San Pablo utiliza comparaciones, y Nuestro Señor Jesucristo, Maestro de maestros, utiliza comparaciones.
Resulta que las comparaciones, como pueden dar malos frutos, también pueden dar buenos frutos. Hay una manera buena de compararse y hay una manera buena de comparar.
San Pablo a la comunidad de Corinto, una comunidad llena de carismas, rebosante de Espíritu Santo, les dice que quiere poner a prueba el amor: "Os hablo del esfuerzo que ponen otros, para comprobar si vuestro amor es genuino" 2 Corintios 8,8. San Pablo dice: "Voy a medirlos en el am
uando salió de Jerusalén iba encadenado, iba preso, para someterse a un largo cautiverio.
La imagen que nos da la segunda Carta a los Corintios, es el esfuerzo material y de persuación, de oración y de intercesión que hace Pablo, para que todos los cristianos puedan tener unidad, para que todos puedan beneficiarse, unos de los otros, de los bienes tanto espirituales como corporales que Dios ha todos nos ha otorgado.
La generosidad de los Corintios les pone como ejemplo lo que han hecho los de Macedonia. En Macedonia precisamente, pues se encontraba esa comunidad de Filipos, y probablemente la generosidad de la que está hablando Pablo aquí, es la generosidad de los filipenses, una de las comunidades que más le tuvo cariño y acogida al Apóstol Pablo.
Dice San Pablo en otra parte, en su Carta a los Filipenses: "Ustedes son la Unica comunidad que me abrió una cuenta de debe y haber" Carta a los Filipenses 4,15; le daban respaldo continuo, siendo, ciertamente, una comunidad más pobre que la de Corinto.
Este contraste entre la comunidad pobre, pero generosa de Macedonia, y la comunidad un poco más rica y acomodada, pero menos generosa de Corinto, también tiene su enseñanza.
Pablo, discreta pero claramente hace ver que no está en eso el verdadero cristianismo: "Muestren que su amor es genuino produciendo obras concretas en favor de otros".
No está el cristianismo en que sean maravillosos, extraordinarios los hechos que acontecen, lo verdaderamente extraordinario, lo maravilloso es que alguien se despoje de sí mismo, que alguien quiera perder algo por sus hermanos/as, que alguien dé algo de sí; eso sí nos hace semejantes a Cristo.
Es ese amor el que, por siglos y siglos, sigue alimentando nuestro corazón, para que nosotros entendamos.
El gran Apóstol San Pablo utiliza comparaciones, y Nuestro Señor Jesucristo, Maestro de maestros, utiliza comparaciones.
Resulta que las comparaciones, como pueden dar malos frutos, también pueden dar buenos frutos. Hay una manera buena de compararse y hay una manera buena de comparar.
San Pablo a la comunidad de Corinto, una comunidad llena de carismas, rebosante de Espíritu Santo, les dice que quiere poner a prueba el amor: "Os hablo del esfuerzo que ponen otros, para comprobar si vuestro amor es genuino" 2 Corintios 8,8. San Pablo dice: "Voy a medirlos en el amor".
En el amor hay un aspecto interior, subjetivo, propio de las intenciones, lo que se tiene por dentro, el sentimiento. Nuestro mundo acostumbrado a hablar del amor, en términos del sentimiento: lo que se tiene por dentro.
San Pablo enseña que no,. el amor necesita también de una voz exterior, que en este caso es la del mismo Apóstol, la voz para medir: "Quiero medir tu amor".
Creo que muchos con la mentalidad de hoy: "¡Éso es imposible! ¿Quién va a medir mi amor? ¿Quién puede saber si mi amor es genuino? Es genuino porque yo lo siento; no porque lo sientas es genuino, no porque a ti te parezca grande es grande".
El amor necesita ser también comprobado. Hay una comprobación del amor; por lo menos éso es lo que nos sugiere San Pablo: "Os hablo del esfuerzo que ponen otros, para comprobar si vuestro amor es genuino" 2 Corintios 8,8.
Cuando el amor se mira solamente desde el aspecto subjetivo, "lo que yo estoy sintiendo, lo que piense,", no soporta ser comparado con nada ni con nadie: "Lo que yo estoy sintiendo, nadie lo ha sentido. Lo que yo estoy viviendo, nadie lo ha vivido. Nadie puede comprenderme;". Éso es cierto en alguna medida, pero no es toda la verdad.
El amor necesita también una medida exterior. Esa medida exterior, es la generosidad que brota en términos de la pobreza: "Ya sabéis lo generoso que fue Jesucristo: siendo rico se hizo pobre, para enriqueceros con su pobreza" 2 Corintios 8,9.
Ésa es la medida del amor. Si el amor enriquece desde su pobreza, si el amor se puede comprobar, si produce frutos, si cambia, si transforma, si soporta ser comparado, si desde la pobreza sale victorioso porque es grandioso, ése amor vale la pena.
Todos los desastres en la vida de la pareja nacen porque el amor es solamente un sentimiento. "Es que mis sentimientos son buenos. Es que lo que yo siento por ti..." "¿Y quién mide éso?" "No, nadie lo puede medir; simplemente yo lo siento".
"Bueno, hoy te necesito". "No, éso no entra dentro de mi idea de amor". "Quiero contar contigo en este momento". " No, éso no entra dentro de mi esquema”.
Cuando el sentimiento se levanta como autoridad para decir qué es el amor, hace mucho mal. Porque, cada persona se imagina que el otro siente lo que él mismo siente, y éso lleva a defraudar.
¡Y qué duro despertar de ser defraudado! " Ah, entonces no se siente lo que yo creía. Me dijo que me amaba, me dijo que yo era todo para él". " Sí, pero es que vaya usted a saber qué significa, "yo soy todo para ti", o, "tú eres todo para mí".
Por eso hay una medida exterior. Hay que saber tener el valor de tomar el sentimiento que uno tiene y ponerlo junto a esa regla que se llama la Cruz de Jesucristo.
Las reglas del verdadero amor son transparentes.
El amor permite comparaciones. San Pablo les dijo: "Los estoy comparando a ustedes con los de Macedonia" 2 Corintios 8,1.
El amor verdadero es calcado en la Cruz de Cristo. No tiene miedo, ni de ser comparado, ni tiene miedo de ser pobre, ni tiene miedo de ser generoso: éso es amor. ¡Éso es amor!
Cristo compara: "Si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos?" San Mateo 5,46. "¡Ése que tú desprecias!" "Si saludas sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles?" San Mateo 5,47. "¡Éste que tú desprecias!"
Cuando el Maestro es Jesucristo, cuando el propósito es la maduración en la fe, cuando se trata de creer a fondo y de encontrar la verdad del corazón, a veces se necesitan comparaciones.
Cristo las hizo. "¿Qué te diferencia del publicano? ¿Qué te diferencia del pagano? ¿Qué te diferencia de El?" San Mateo 5,46-47.
Dios sabe que cuando se trata de encontrar la verdad del corazón humano, hay una asignatura que es necesario aprobar: saber soportar la comparación, descubrir que muchas de nuestras cosas son mentira, que no somos ni tan amorosos, ni tan generosos, ni tan piadosos, ni tan buenos como creemos o como hacemos creer que somos.
¡No somos todo éso! Necesitamos ser humildes en la presencia de Dios, y descubrir nuestra inagotable riqueza.
De estas comparaciones todos/as o casi todos/as salimos desaprobados, salimos en rojo. Hay que admitirlo y hay que sentarse ante Cristo para decirle: " Cristo Jesús, quiero que sepas que me duele mucho que me compares. ¡Mucho! Y me duele tanto, porque me duele descubrir lo profundo de mi verdad".
Cristo, frente a la verdad de tu Cruz y frente a tu Palabra vigorosa, descubro qué es lo que hay en realidad en mi corazón. humildemente, quiero venir ante Ti para que tu Corazón abra mi corazón".
No hay comentarios:
Publicar un comentario