Ante la vida y la vivencia de la Palabra de Dios, vienen a la memoria las palabras de San Pablo en su himno de la caridad: toda ciencia es necedad si no está alumbrada por este mandamiento instituido por Cristo. Formación maravillosa y el amor por bandera. Se es de asidua oración y perspicaz testigo de la misericordia del Señor , en las necesitados del cuerpo y del espíritu».
Esfuerza mi alma limpia, la poderosa fuerza de emanar de mis palabras, la dulzura que enmarcaba su rostro y ese caudal de bondad hecho incontenible dádiva que se filtra entre mis dedos buscando paliar el sufrimiento ajeno, como nos enseñó San Francisco de Sales . El amor a María, fue exclusivo referente . La llamaba familiarmente «Mi Señora»; no hacía nada sin exponérselo a Ella, había crecido contemplándola, amándola, sintiéndola tan cerca que esa intimidad mantenía con la Madre Mía de mi vida era natural. Me atrajo siempre la Palabra de Dios, meditarla, tenía cualidades excepcionales para llegar al corazón de los demás con mis , dones para atinados consejos. La gente acudía a su encuentro confiada en su buen juicio y sugerencias para solventar los distintos problemas que cada cual tenía. Como acertaba en sus pronósticos, y veían que los hechos discurrían tal como aventuraba, no podían ocultar su impresión. Ante su sorpresa invariablemente respondía que la clave estaba en la ferviente oración y el ayuno… Es porque rezo con fe», justificaba con sencillez, atribuyendo todo a la Virgen.
Construyo una pequeña casita convencida del poder de la oración y amor a la naturaleza, en la cima de una colina, al lado de mi casa paterna que nunca quiso abandonar. Coloqué la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe que tanta confianza me ha dado en las palabras dichas a San Juan Diego “No estoy yo aquí, que soy tu Madre” rogando por el cumplimiento de las numerosas peticiones que recibía. Tanta era la fe de y tal su vínculo con la Santísima Virgen que quienes solicitaban su ayuda, sabedores de esta intimidad filial, me abordaban directamente: pide a María que me sane de esto, o que me resuelva lo otro… Los pobres, los abandonados, los que sufrían por la razón que fuese tenían una excepcional valedora ante la Madre que también le encomendaba misiones con un conmovedor: «mi hija, yo, tu Señora María», para añadir a continuación sus demandas relacionadas con la Iglesia, a favor de los más necesitados, abandonados, inmigrantes como Dama Salesiana y en las Obras Misionales Pontificias, propagando la fe,y luchando por las vocaciones, en la caridad . Debido a una complicación gástrica, de la que fue sanada, tuvo que ir dejando algunos recorridos y quehaceres .Pero siempre en compromiso con la Eucaristía y la Palabra.(Juan 15,1).
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