De hecho Jesús dice, si van a hacer penitencia no pongan cara triste, si van a hacer penitencia perfúmense la cabeza, vístanse de gozo y de alegría. Esta invitación que Jesús hace a la conversión apunta justamente a este lugar de la interioridad para el cambio. Si uno está en un momento penitencial no es para poner cara de angustia, cara de dolor, cara de esfuerzo, cara de tristeza, al contrario en la alegría y en el gozo, en la entrega y en la certeza de que Dios está con nosotros en ese proceso de cambio está la clave para poder ir a lo que va a transformar nuestra vida, tarea difícil pero que Dios la hace gozosa y posible.
Este hacer nuevas todas las cosas supone un camino que Dios recorre desde dentro de nosotros mismos y diversos modos de penitencia son los que van empoderándose en el esfuerzo que acompaña la gracia que nos visita invitándonos a la liberación y el camino tiene tres grandes vertientes.
Tres formas tiene la conversión que da cauce a la gracia de transformación con que Dios nos invita a acercarnos a él, el ayuno, la oración y la limosna. El ayuno como relación con uno mismo ordenando nuestra naturaleza, la oración como relación con Dios y la limosna como relación con los demás, la justicia el dar a cada uno según su necesidad. Junto a la purificación operada por la gracia bautismal, en medio de la búsqueda de querer obtener el perdón en nosotros, los esfuerzos realizados para reconciliarse con el prójimo, las lágrimas de penitencia, la preocupación por los demás y el trabajo por la salvación de los hombres, la intercesión de los santos que nos ayudan para que sigamos la marcha que nos conduce al encuentro con Dios y con ellos, la práctica de la caridad que cubre la multitud de los pecados, también son otros caminos.
La conversión se realiza en la vida cotidiana mediante gestos de reconciliación, la atención a los pobres, el ejercicio en defensa de la justicia y del derecho, el reconocimiento de nuestras faltas ante los hermanos, la corrección fraterna, la revisión de la vida, el examen de conciencia, el trabajo de dejarnos acompañar espiritualmente, la aceptación de los sufrimientos, el padecer las persecuciones a causa de la justicia sabiendo que en Dios está nuestra mano, el tomar la cruz de cada día y seguir a Jesús camino mas seguro de la penitencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario