Es maravilloso entrarse al alma de este Apóstol, de este Santo, de este predicador, de este maestro, y él mismo nos da los permisos, nos da las claves; él despeja los corredores y abre las puertas, para que podamos entrar a su misterio, a su vocación a su estilo.
Segunda Carta de Pablo a los Corintios, él se extiende sobre las tribulaciones de su apostolado, sobre la realidad de su ministerio apostólico, gracias a Dios, que saca tantos bienes de los males, se pudo dar esta Carta.
Porque efectivamente, lo que estaba padeciendo el Apóstol eran males, ya le habían hecho varias veces esta jugada, que cuando él iba a predicar a cierto lugar, a una comunidad, después de que él se iba llegaban otros predicadores, normalmente de tendencia judaizante, de tendencia mosaica, hacia la Ley de Moisés, entonces aprovechaban que ya estaba la gente reunida y entusiasmada, para cambiar el sentido del Evangelio.
Entonces se presentaban esos otros predicadores, se presentaban como muy autorizados y como grandes apóstoles y como gente muy espiritual y muy instruida.
En este contexto y en este conflicto, Pablo tiene que escribir más de una carta; se burla a veces de esos que él llama super apóstoles; escribe sobre aquellos que ponen toda su confianza en la circuncisión y los llama con palabras duras; denuncia el engaño de todos esos predicadores.
Le toca también acreditarse a sí mismo, le toca hablar de si mismo, como mostrando con su propio ejemplo y con su propio testimonio, qué es seguir a Cristo y qué es creer en el Evangelio de Cristo.
De manera que de todos esos males nos han quedado una serie de documentos y una serie de testimonios autobiográficos, que son maravillosos porque nosotros estamos también comprometidos en la obra del Evangelio y nada mejor para nosotros, nada más saludable que acercarnos al alma apostólica de un testigo de Cristo del tamaño de San Pablo.
Sólo aquí en la Santa Misa, sino después de nuestras lecturas personales, aprovechemos esta bendita coyuntura que nos ofrece la Iglesia y meditemos la segunda Carta a los Corintios, sobre todo los primeros capítulos. Los primeros cinco o seis capítulos son maravillosos para ver la realidad de alguien que se gastó y quemó por Jesucristo.
Este capítulo VI de esta Segunda Carta a los Corintios, cómo es su comportamiento, de qué vive, cómo vive, qué pretende, aquí estaba escrito: “Para no poner en ridículo nuestro ministerio, nunca damos a nadie motivo de escándalo” 2 Corintios 6,3.
“Continuamente damos pruebas de que somos servidores de Dios, con lo mucho que pasamos” 2 Corintios 6,4. y se pone a enumerar lo que ha pasado: “Luchas, infortunios, apuros, golpes, cárceles, motines, fatigas 2 Corintios 6,5, y todo eso que hemos escuchado.
“Procedemos con limpieza, saber, paciencia y amabilidad con los dones del Espíritu y amor sincero” 2 Corintios 6,6, aquí está un retrato con lo que nosotros estamos llamados a hacer. Así como puntos muy concretos, cuáles serían las características de un servidor del Evangelio, de acuerdo con este texto inmortal. “Nunca damos a nadie motivo de escándalo” 2 Corintios 6,3, esto no es simplemente el ser intachable en el comportamiento, es la primacía del amor al prójimo.
No dar motivo de escándalo no es una manera de decir que yo me porto tan bien que yo soy irreprochable, eso sería no dar motivo de regaño, San Pablo dice: “No dar motivo de escándalo” 2 Corintios 6,3, es decir, tener siempre a la vista qué es lo mejor para que el Evangelio prospere en el otro.
Cuando se dice: "Yo soy irreprochable, está tomando una posición en el fondo vanidosa, lo que quiere es ser como perfecto, quiere ser hermoso, quiere ser armónico, el amor ahí termina en la propia vida, termina en lo que uno es.
“No damos a nadie motivo de regaño”, sino “no damos motivo de escándalo” 2 Corintios 6,3. El escándalo es la dificultad que el otro encuentra.
Este tema lo desarrolla más ampliamente, en la Carta a los Romanos, donde dice que, "si yo por comer unas cosas u otras voy a ser motivo de escándalo para mi hermano, entonces voy a dejar de comer eso" Carta a los Romanos 14,15; dejaré de comer eso con tal de no ser motivo de escándalo para mi hermano/a..
El origen de la palabra escándalo es tropiezo, lo que dice aquí san Pablo es: "Nunca damos motivo de tropiezo" Carta a los Romanos 14,13, lo cual se fundamenta ¿en qué?
En un amor profundo, sincero al prójimo, es tener siempre el amor a la fe del otro, el tener siempre como criterio: "qué hago yo para que el otro no vaya a tropezar conmigo, para que yo no vaya a ser un tropiezo en la vida del otro, sino que él pueda crecer en su propia fe", este es el primer criterio de un apóstol.
Damos pruebas de que somos ministros de Dios, ¿con qué? Con el padecimiento, la capacidad de padecimiento, este es un testimonio que el mundo nos reclamará. Si en la hora de la tribulación, llámese enfermedad, persecución o lo que sea, seguimos ahí unidos a Jesucristo, ahí está el testimonio, ahí está la palabra que nos hace creíbles ante los demás.
Luego procedemos con limpieza. Es esa rectitud de intención, saber, paciencia, amabilidad, son como algunas cualidades, llamémosla de tipo moral o de tipo humano, que es indispensable que tenga el evangelizador; un evangelizador de doble intención, Poco va a hacer.
Lo primero, es la preocupación por la fe del otro, qué hago yo para que el otro crezca en su fe; lo segundo, la perseverancia, la persistencia en medio de la dificultad; lo tercero, las cualidades morales y humanas, como estas: limpieza, saber, amabilidad. Hay que hacerle una acogida, una cuna humana al encuentro con el otro.
EL alma, en el núcleo está el centro de la vida del evangelizador; los dones del Espíritu y los dones sinceros para llevar la Palabra de Dios.
Segunda Carta a los Corintios, que hemos venido meditando, trae preciosas descripciones autobiográficas de lo que es, de lo que siente, de lo que hace, de lo que padece, y de lo que logra un apóstol de Cristo.
Junto con algunos capítulos del Profeta Jeremías, esos capitulitos que la Biblia de Jerusalén intitula "Confesiones de Jeremías", estos capítulos,el texto de la Segunda Carta a los Corintios, 2 Corintios 6,1-10, son descripciones invaluables, únicas, de lo que siente la persona que es llamada por Dios para convertirse en boca suya, para llevar la Palabra de salvación.
Tanto este Profeta del Antiguo Testamento, como este Apóstol del Nuevo Testamento, son hombres quemados por el fuego que llevaban. Efectivamente, como no se puede transportar agua sin mojarse, así tampoco se puede transportar fuego sin quemarse.
Esa naturaleza, quemada y transfigurada por el amor y por la gracia de Dios, es precisamente, lo que nos aparece en estos textos. De manera, que el que quiera conocer de una forma, llamémoslo así, como autobiográfica, qué significa apostarlo todo por Dios, que lea esta Segunda Carta a los Corintios.
Lo que motiva al Apóstol Pablo a hablar así, son conflictos enteramente circunstanciales. Resulta que Pablo se ve obligado a defenderse por una serie de calumniadores que le iban como siguiendo los pasos, por eso, la Carta tiene sus momentos, incluso, como de impaciencia, momentos que ya aparecerán en los próximos días y en las próximas lecturas de esta misma Carta.
Pablo iba predicando, y después de que él se iba, llegaban otros predicadores con otro mensaje, casi siempre un mensaje de tipo judaízante. Ellos se presentaban como apóstoles también.
Pablo, en parte, ironiza de ellos, llamándolos los "superapóstoles" 2 Corintios 11,5, 2 Corintios 12,11.
Estos "superapóstoles" llevaban un mensaje, que tomaba las mismas palabras y el mismo lenguaje de Pablo; incluso, hablaba del mismo Cristo, pero tergiversándolo todo, enredando las cosas, y sobre todo oscureciendo el mensaje de la gracia.
Los Corintios habían sido evangelizados por Pablo, pero una vez que Pablo se va, llegan estos otros predicadores diciendo cosas semejantes, pero enrevesándolo todo. Algo parecido ha sucedido y está sucediendo en nuestro tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario