La Doctrina Social de la Iglesia surge en la coyuntura histórica ya detallada, la misión surge como una respuesta sencilla, accesible, en tanto todos tenemos ese deseo de trascender hacia la eternidad en Dios, de encontrar una vía alternativa a las dos filosofías económicas que existen actualmente y que siguen siendo el Capitalismo y el Comunismo que no están fundamentadas en el amor, y para ambas, el ser humano se convierte en un medio y no en un fin, como comentaremos más adelante.
La misión se basa en el amor, en la entrega y en el servicio a los demás que te lleva a la "Trascendencia". Lleva una buena dosis de cuidado. Cuidado y preocupación por el otro, ya que todos somos hechos a imagen y semejanza de Dios y por lo tanto, con una relación fraterna.
La misión se traducirá en la formación de la conciencia, en la promoción personal y familiar, en la salvación de uno mismo y de los otros, por medio de los valores humanos, universales, cristianos, y Trascendentes. Tiene como principio y fundamento a Dios. La meta natural de quien vive la misión es la Trascendencia, ya que el amor desinteresado trasciende al mundo material, lo cual lleva a la persona hacia la eternidad.
Para poder llevar este mensaje de amor, primero hay que recibirlo. Porque Dios es amor, se hace don al ser humano; el amor es la única actitud justa ante la persona para que pueda desarrollar su vida en forma armoniosa. Como lo especifica claramente Benedicto XVI en su Encíclica Dios es Amor: "Quien quiere dar amor, debe a su vez recibirlo como don. Es cierto como nos dice el Señor que el hombre puede convertirse en fuente de la que emanan fuentes de agua viva ( Jn 7, 37-38). No obstante, para llegar a ser una fuente así, él mismo ha de beber siempre de nuevo de la primera y originaria fuente que es Jesucristo, de cuyo corazón traspasado brota el amor de Dios ( Jn 19, 34)". Según Juan Pablo II "el ser humano "no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás"
La misión requiere que la persona sepa abrirse al amor y que sea éste la principal motivación de su actuar en la vida, ya que la persona que no ama no se realiza humanamente, queda en estado de subdesarrollo.
La misión es un llamado de Dios. No sólo se trata de conocer y adherirse a una doctrina, a unas verdades, y tratar de ser buenos y honestos. Es mucho más que esto: es encontrarse con Dios, percibir Su mirada y escuchar Su voz: «Sígueme» en el mundo personal, familiar, empresarial y social para la evangelización de lo cotidiano y de las familias, a fin de que la gente Lo conozca, Lo trate y establezca una amistad con Él; con el auténtico Dios del amor.
Para que la misión dé sus frutos en el despertar de las conciencias es indispensable que sea asimilada como una "convicción" en la vida del ser humano, de tal manera que sea la base, el fundamento y punto de partida de pensamientos y conductas presentes y futuras, es decir, que sea una filosofía configuradora de su existencia que le dé una visión global de la vida, del mundo, de Dios y de los otros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario