Hay filosofías empresariales que están dirigidas y orientadas sólo a las cúpulas y los demás miembros de la empresa dependen de la aplicación real que éstas quieran hacer de ellas.
En cambio, la Misión abarca a todas las personas y a sus familias, en todos los niveles de la empresa, desde grupo corporativo hasta los obreros en una fábrica, así como a toda persona que tenga un vínculo directo con ella como son los proveedores, y principalmente, los clientes, a quienes la empresa debe su crecimiento y su existencia.
La Misión reconoce la importancia de la familia como primera escuela de educación y formación empresarial en donde se enseñan los valores y se forma el carácter de las personas para que puedan hacer vida las virtudes que los conduzcan al camino de la humanización y por ende, al de la perfección cristiana.
La reflexión, que a la luz natural de la razón fue descubriendo los principios y fundamentos de esta filosofía que estamos sustentando académicamente en el Evangelio, el Magisterio de la Iglesia y la Doctrina Social de la Iglesia.
Misión no es una ideología. Como reiteradamente hemos dicho, es una filosofía de vida nacida de la reflexión sobre las complejas realidades del ser humano en la empresa, en la familia y en la sociedad en general, a la luz de la fe y de la tradición del Evangelio. Su objetivo principal es interpretar estas realidades, examinando su conformidad o diferencia con lo que el Evangelio enseña acerca del ser humano y su vocación eterna y, a la vez, Trascendente, para orientar en consecuencia la conducta cristiana.
Es una filosofía con Trascendencia sobrenatural hacia un Dios que nos ama, que nos exige y que al mismo tiempo, nos pide cuentas de los frutos que hemos producido por los dones que nos ha dado. Se basa en la integridad de la persona que impulsa su productividad humana motivada en la Trascendencia, en la eternidad, y que tiene como consecuencia la productividad material.
Esta filosofía que surge de la reflexión y puede ser sustentada en la Doctrina de la Iglesia. No es un manual de soluciones prácticas, ni es un recetario para los diversos problemas. Pero sí tiene los principios fundamentales que al conocerlos, analizarlos y ponderarlos, nos dan una luz para configurar una filosofía que permite ir reconociendo y adoptando normas de conductas personales que, al mismo tiempo, van permeando en la vida en todos sus ámbitos.
Como sabemos, la Doctrina Social de la Iglesia tiene sus orígenes en la Sagrada Escritura y se concretizó ante la situación crítica de la clase trabajadora y ante el embate del socialismo marxista con su lucha de clases, derivados de la Revolución Industrial que se dio en Europa al inicio del siglo XVIII. Esta Doctrina representó una luz en la búsqueda de soluciones para estos problemas. El movimiento social católico que se difundió en la segunda mitad del siglo XIX, nació como reacción, por una parte, a las injusticias y desastrosas consecuencias del régimen capitalista liberal, y por otra parte, a las doctrinas anticristianas del socialismo marxista que buscaba eliminar dichas injusticias. El primer documento oficial que encontramos es la Encíclica Rerum Novarum, escrita por León XII y que apareció en 1891, seguido por otros documentos importantes.
La Doctrina Social es una doctrina "verdadera", que tiene siglos de existir. Su aplicación no sólo es posible sino que es real. Que no la hayamos leído antes, es nuestra "responsabilidad
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