sábado, 15 de junio de 2013

Relieve

El lenguaje de la Cruz, el lenguaje de la Sangre, el lenguaje del Don, el lenguaje del Espíritu Santo, no una vacía espiritualidad, en general, no una espiritualidad abstracta y general, donde pueda caber casi cualquier actitud humana, sino la espiritualidad como nacida del Espíritu de Dios, eso no aparece ahí. Por esa circunstancia, un poquito coyuntural, San Pablo tiene que escribir esta Carta, que tampoco es la segunda que él escribe a los Corintios. Los estudiosos hacen cuentas, tal vez de por lo menos unas cuatro misivas, que Pablo le envió a los Corintios.  Esta Segunda Carta, dicen los especialistas, tenga como parte de dos de estas cuatro misivas, que él les envió. Esos detalles, en parte técnicos, a nosotros, en este momento, no nos interesan. San Pablo, que ya de palabra había dado testimonio, ahora por escrito tiene que presentarse, tiene que acreditarse como apóstol.
Por eso tiene que decir, con el lenguaje más duro que él haya utilizado refiriéndose a sí mismo, qué es ser apóstol; como diciéndole a esos Corintios: "¡Abran los ojos! ¡No se dejen confundir! ¡Vean en dónde está la realidad del mensaje que nosotros predicamos, y cuál es la diferencia con lo que están tratando de embolatarlos y de confundirlos!" 
Lo que hace el Apóstol Pablo en estos textos, es mostrar cómo la gran necedad, la gran paradoja de la Cruz se sucede también en los que creemos en la Cruz de Cristo; la gran paradoja de la Pascua de Cristo se sucede en la vida de los cristianos.
Y ese es el texto que hemos escuchado hoy; dice aquí: "Somos los impostores que dicen la verdad" 2 Corintios 6,8, este texto es único en los escritos de Pablo; "a través de la honra y afrenta, de mala y buena fama.
Somos los desconocidos conocidos de sobra, somos los moribundos que están bien vivos, los penados nunca ajusticiados, los afligidos siempre alegres" 2 Corintios 6,8-10.
Cada una de estas parejas, que está cargada de fuerza, de ironía, que tiene su carácter oratorio, ¿qué está diciéndole a los Corintios?: "¡Identifiquen la vida y la predicación del Apóstol, porque va sellado con la Cruz, va sellado con la Pascua!"
Un predicador que pretenda tener sólo luz, paz, gozo, que sólo pretenda presentar como ese aspecto, llamémoslo así, luminoso, ése, tal vez no es. Un predicador que sólo tenga dolor, renuncia, muerte, ése tampoco es.
El sello del predicador, el sello del apóstol, es el sello de la Pascua de Cristo. El sello de la predicación cristiana es, ese llevar dentro de sí muerte y vida, ese llevar dentro de sí una muerte asumida por la vida, llevar dentro de sí el fracaso, el rechazo, el desánimo que causan las circunstancias, las tentaciones, los problemas, pero llevar, al mismo tiempo, dentro de sí la fuerza, la paz, la esperanza, el gozo.
Esto es lo que está mostrando el Apóstol: "Nosotros somos los pobretones que enriquecen a muchos, los necesitados que todo lo poseen" 2 Corintios 6,10.
Demos gracias a Dios, pues una vez más comprobamos, cómo Dios, de los males saca bienes. El corazón de este pobre hombre, el corazón de este Pablo se estruja, se aflige de ver lo que le están haciendo. Porque bastaba que él se retirara un poquito, para que ya llegaran a confundirle a su gente.
El corazón del Apóstol sufría terriblemente. En otro lugar dice: "Y ¿quién se tambalea sin que yo quede en ascuas?" 2 Corintios 11,29. Él sufría de ver lo que le pasaba a las comunidades en donde había estado predicando. 
Esos sufrimientos, esas contradicciones, esa oposición, que en sí misma es un mal, Dios la transforma en un gran bien.
De esos problemas vienen estas palabras, de estas predicaciones y de estas palabras, ¡cuánto se alimenta nuestro corazón, y cuánta claridad recibe para identificar, cuál es el verdadero Evangelio!
Lo que quería el Apóstol. "¡No pierdan el rostro del Evangelio, no pierdan el perfil del mensaje de Cristo, no pierdan la Gracia que les fue otorgada por el ministerio de Cristo y por nuestro ministerio de Apóstoles!"  Bendigamos al Señor por estas descripciones, por estas enseñanzas, y revisemos también, si nuestra vida tiene estas señales, para ver si nosotros estamos predicando el Evangelio de Cristo.
Aquí está el rostro: gente que "a través de honra y afrenta, de mala y buena fama, empuña las armas de la justicia" 2 Corintios 6,7-8; gente, que es como dice él: "desconocidos conocidos de sobra, moribundos que están bien vivos, penados nunca ajusticiados, afligidos siempre alegres" 2 Corintios 6,9-10.
¡A ver si llevamos ese relieve del sello de Cristo! ¡A ver si llevamos ese rostro del Señor en lo que somos y en lo que hacemos! Si es así, pues que la alabanza sea para Dios, porque el apostolado será fecundo. Si no es así, pues que haya conversión en nuestra vida y la súplica de que esa palabra

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