Es tan lindo seguir a Jesús, ir por el camino de Jesús, que uno balancea y va hacia adelante. Después llegan los momentos más bellos. Pero nadie tiene que pensar que en la vida no vayamos a encontrar dificultades”. “¡No es fácil! Pero tenemos que ir adelante con fuerza y con confianza en el Señor, con el Señor todo es posible”.
“La crisis que en este momento estamos viviendo es una crisis de la persona”, porque “hoy lo que cuenta no es la persona sino el dinero”. “liberémonos de las estructuras económicas que nos esclavizan”.
Es un deber trabajar por el bien común: "Implicarse en la política es una obligación para un cristiano. Nosotros los cristianos no podemos jugar a ser Pilatos, lavarnos las manos: no podemos. Debemos entrar en la política, porque la política es una de las formas más altas de la caridad, porque busca el bien común. Y los laicos cristianos deben trabajar en política. ¡Es un deber! ¡Trabajar por el bien común es un deber de cristiano! Y muchas veces la vía para trabajar es la política".
"No nos dejemos robar la esperanza. Por favor: no os la dejéis robar. ¿Y quién te roba la esperanza? El espíritu del mundo, las riquezas, el espíritu de vanidad, la soberbia, el orgullo... todas estas cosas te roban la esperanza. ¿Dónde encuentro la esperanza? En Jesús pobre: Jesús que se ha hecho pobre por nosotros. Y tu has hablado de pobreza. La pobreza nos llama a sembrar esperanza".
"No se puede hablar de pobreza, de pobreza abstracta: ¡esa no existe! La pobreza es la carne de Jesús pobre, en aquél niño que tiene hambre, en aquél que está enfermo, en aquellas estructuras sociales que son injustas... Ir, mirar por ahí la carne de Jesús. ¡Pero no os dejéis robar la esperanza por el bienestar, por el espíritu del bienestar que al final te lleva a llegar a ser nada en la vida! El joven debe apostar por altos ideales: este es el consejo. Pero la esperanza, ¿dónde la encuentro? En la carne de Jesús sufriente y en la verdadera pobreza. Hay una relación entre los dos".
Jesús nos amó tanto, no con palabras sino con hechos y con su vida. Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, que él llama "la fiesta del amor", de un "corazón que ha amado tanto". Un amor que, como repetía San Ignacio, "se manifiesta más en las obras que en las palabras" y que es especialmente "más un dar que
recibir.
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