Como
sabemos que lo único que tiene poder en el corazón humano es el amor, Jesús, en
este día del Bautismo, las palabras tienen que ser precisas, recibe la
participación en su humanidad creada de toda la potencia, de toda la ternura,
de toda la gracia, de todo el amor de Dios Padre, porque esa es la comunicación
del Espíritu Santo.
Por
esa comunicación, por esa participación, que San Juan Bautista decía que era fin
de vida, por esa participación total de la gracia del Espíritu Santo en la
humanidad de Jesucristo, Él levanta los muertos, perdona los pecados, cura los
enfermos, expulsa a los demonios, y santifica con su oración, con su dolor, con
su muerte y con su resurrección, la historia humana. Hoy se ha completado el
Nombre de Jesucristo.
Lo
que hace especial a Jesucristo es que su humanidad es totalmente disponible al
poder incalculable del Espíritu Santo.
Esta
es una gran noticia, es una maravillosa noticia para todos nosotros.
Al saber que todo lo
especial de Cristo es el don del Espíritu Santo, al comprender esto, entendemos
que ese mismo Espíritu puede hacer en nosotros obras semejantes.
Jesús mismo lo dijo en el evangelio de San Juan: "El que crea
en mí, hará lo que yo hago" San Juan 14,12. Y dijo todavía otra cosa:
"El que crea en mí, hará las obras que yo hago, y aún mayores, porque yo
me voy al Padre" San Juan 14,12. Así dijo Cristo.
Lo que hay es una gracia fantástica, desbordante, irreprimible,
irreversible, un amor incontenible que se ha vertido en Él por parte del Padre
Celestial, para que todos nosotros tengamos vida en su Nombre.
La primera Carta del
Apóstol San Juan dice,"Y como Él es, así somos nosotros" 1 San Juan 4,17.
"Sí, Jesús perdonaba a los enemigos, pero es que Él era Dios.
Jesús perdona a los enemigos, sana a los enfermos, expulsa los
demonios, penetra con su Palabra los corazones, no porque tenga ningún
entrenamiento especial, ni porque esté hecho de otra pasta que nosotros.
¡Cristo! Cristo, Ése es Él, el Ungido del Padre. Y esa unción, que
el Padre le ha dado a Jesús, la unción que lo hizo Cristo, es el don del
Espíritu Santo. Y ese don del Espíritu no es sólo para su Hijo, sino es para
todos nosotros, los que creemos en ese Hijo.
Si admitimos, si creemos en Jesús, y si invocando su Nombre
pedimos el Espíritu, también nosotros recibimos esta unción, y también Dios
hace cosas maravillosas a través de nosotros; es decir, maravillosas a los ojos
de este mundo.
Lo que en realidad importa, no es lo que el mundo diga, si somos o
no maravillosos, sino que el Padre Celestial pueda repetir en nosotros estas
palabras, que Dios Padre lo pueda decir de ti y de mí cuando te unja con el
Espíritu Santo: "Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo mi
complacencia" San Mateo 3,17.
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