"Señor
escucha mi apelación, atiende a mis clamores" Salmo 17,6. En la segunda estrofa dice:
"Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío. Inclina el oído y escucha
mis palabras" Salmo 17,6.
En la ültima estrofa dice: "Guárdame como a las niñas de tus ojos" Salmo 17,8. "Yo con mi apelación
vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante" Salmo 17,15.
Cristo Jesús murió orando, murió suplicando, murió rogando. Cristo
Jesús murió sin defenderse a sí mismo, murió, como lo dicen sus últimas
palabras, encomendando su espíritu al Padre: "A tus manos encomiendo mi
espíritu" San Lucas 23,46.
Cristo
Jesús, muerto injustamente en la cruz, es como una pregunta, es como una
suprema súplica, es como la apelación definitiva no sólo de Él, sino de toda la
humanidad.
Cristo
Jesús es la gran apelación que nosotros, la humanidad, le hace a Dios. Es la
gran súplica, es la gran intercesión, porque Él es el gran Intercesor; y su
corazón, destrozado y llagado, pero incapaz de odiar, su corazón que no aceptó
ni el odio, ni el rencor, ni la venganza, su corazón que no quiso defenderse a
sí mismo, quedó puesto en las manos de Dios para ser defendido por Dios.
Si
esto es así, imagínese lo que sucedería si Cristo no resucita. Quiere decir
entonces, que la suprema apelación de la humanidad, que la oración más
vehemente, que la oración más intensa quedó sin respuestas.
Dice
el salmista con una gran confianza, con una profunda fe: "Yo te invoco
porque tú me respondes, Dios mío" Salmo 17,6, "te ruego porque yo sé
que no me vas a dejar; te ruego porque sé que puedo confiar en ti".
Pongamos
estas palabras en la boca de Cristo: Si Cristo no hubiera resucitado, estas
palabras, esta oración, su sacrificio, su vida entera no tendrían sentido, y por
consiguiente, su intercesión por el perdón de nuestros pecados habría caído en
el abismo y en la nada; y por consiguiente, no vale la pena ser bueno, no vale
la pena esforzarse, no vale la pena intentar el bien, la virtud, el amor, el
amor a Dios. ¡Nada de eso vale la pena!
San Pablo nos da la enseñanza, San Pablo lo aclara paladinamente: "Si es
verdad que sólo tenemos esperanza para esta tierra, pues a comer y a beber,
porque mañana moriremos" 1 Corintios 15,32.
Ese
texto del capítulo 15 de la Primera Carta a los Corintios es de lo más
importante, es de lo central que podemos escuchar de todo el Nuevo Testamento.
"Pero
Cristo, dice San Pablo, Cristo sí resucitó; Cristo resucitó de entre los
muertos, el primero de todos" 1 Corintios 15,20.
Esto
significa que su apelación llegó al trono de Dios; esto significa que su
intercesión es eficaz; esto significa que vale la pena seguir a ese Líder: vale
la pena estar en las filas de este Caudillo, vale la pena creer en Él, sólo en
Él; vale la pena regalarnos a Él como Él se regaló al Padre. Esta vida, una
vida así, tiene sentido, y esa es la vida que nosotros recibimos en el
bautismo.
Señor
y Padre nuestro, fortalece entonces en nuestros corazones el espíritu de hijos,
el espíritu de bautizados, gente convencida de tu gloria, gente convencida del
poder de la Cruz, de la Pascua y de la Resurrección.
Mensaje
Francisco Sos,Irma
ELENA Marìa,Fiat Mìo,James
Favaud,Combonianos Provincia Centroamèrica, Marcel contemplativos,Xiomara
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