Descubramos
en Cristo la Palabra que estaba desde el principio con Dios Juan 1,1-2, porque
se ha manifestado en nuestra misma carne, y para creer esto tan grande, esta
Palabra encarnada ha realizado ante nosotros diferentes signos, de manera que
nosotros contemplemos esos signos y lleguemos a la fe.
Aceptemos que Jesùs es el enviado del Padre, que ha salido de
Él; que aceptándolo sepamos que el sacrificio de Cristo es su misma gloria, y
acogiendo a ese Cristo Glorioso tengamos siempre con nosotros el Abogado, el
otro Paráclito, aquel que Cristo nos envía, que es el Espíritu Santo, con ese
Espíritu Santo llevemos una vida de acuerdo con Dios y habitemos para siempre
en la casa que tiene muchas moradas.
Cuando se habla de conversión en el Evangelio de Marcos, o
cuando se habla de conversión en el Evangelio de Lucas, se trata de ese cambio
radical de vida, cambio radical de pensamiento, como en el que el pecado tiene
como un relieve muy preponderante; en el evangelio de Juan ese paso se describe
de una manera más simbólica y también más profunda, como el paso de las
tinieblas a la luz.
El cuarto evangelio tiene una especial misericordia, porque trata
al pecador como un ignorante, y por lo mismo, tiene una humildad especial,
porque trata al virtuoso sobre todo como un conocedor de Dios, el que sabe el
camino. Si Dios abre nuestro entendimiento descubriremos con alegría que así es
que hay una misericordia profunda en este evangelista y que hay una humildad
profunda en tratar al pecador como un ignorante, y la humildad de tratar la
virtud como un conocimiento.
Si nosotros nos apropiamos de esta enseñanza descubrimos, en la
perspectiva del Apóstol Juan, lo que significa amar al prójimo.
Característica de este evangelista es tratar al pecador como
alguien que está en la tiniebla, y por consiguiente, cómo la tiniebla puede ser
siempre iluminada. Entonces el esfuerzo de la conversión y el esfuerzo por
adquirir la virtud e incluso el camino mismo hacia la santidad, tal es el relieve que adquiere el recibir la
luz de Dios.
Para este evangelista la obra de Dios es sencilla, como
instantánea; basta con ver y creer, basta con aceptar lo que Dios da, no toca
ir a buscarlo lejos; basta con ver la señal que Dios nos ha ofrecido, que es
Jesús; ver a este Cristo, reconocer en esos signos las señales de Dios y creer
en Él, ahí está la obra de Dios en nosotros.
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