"Él
es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo" San Juan 1,29, esta expresión la ha
tomado la liturgia eucarística de la Iglesia cuando se presenta la Hostia
consagrada, minutos antes de ser comulgada.
A
Cristo se le llama “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” San Juan 1,29. Y también se le llama
hoy: “Este es el que bautiza con el Espíritu Santo” San Juan 1,33. “El Espíritu se ha
posado sobre Él” San Juan 1,32. Y por eso, Él tiene
potestad para bautizar con Espíritu Santo.
“Este es el Cordero de Dios” San Juan 1,29, y se nos dice que: “Él
quita el pecado del mundo” San Juan 1,29, y que: “Él bautiza con
Espíritu Santo” San Juan 1,33.
Él
quita el pecado y Él bautiza con el Espíritu Santo. : “Él quita el pecado del
mundo, bautizando con Espíritu Santo”. El objetivo del bautismo es evidente, se
trata de una limpieza.
Los
Esenios en tiempo de Nuestro Salvador, tenían multitud de abluciones, de
lavatorios con claro signo de purificación. El Antiguo Testamento también
conoció abluciones, lavatorios que tenían esa misma significación.
De
modo que no estamos forzando las palabras cuando decimos que la venida de
Cristo a nuestra tierra tiene por lo menos entre sus objetivos limpiar el pecado con el Espíritu.
El
Espíritu Santo es como una limpieza interior. San Juan debía ofrecer agua que
lavaba los cuerpos como señal de arrepentimiento, de deseo de pureza; Jesús
ofrece una nueva Agua que lava los corazones, que limpia el interior de las
personas, y esa nueva Agua es el don del Espíritu Santo.
Jesús
es el que limpia.
La
limpieza no es una condición para acercarte a Cristo, la condición para
acercarse a Cristo es creer que Él es el Cordero de Dios, creer que Él puede
quitar el pecado del mundo, de mi vida, de mi familia. Él puede quitar las
taras que acompañan a la Iglesia, una comunidad, Él puede levantarnos de esos
cardos pesados, Él puede quitarlo.
El
acceso al don de Cristo está fundamentalmente en la fe, y de esa fe depende
nuestra relación con Cristo, depende más de la fe que de cualquier calidad
moral buena o mala que podamos tener. Lo que debemos pedir fundamentalmente,
entonces, para nosotros y para los otros, es la fe.
Cristo
es el que limpia, Cristo es el limpiador, porque tiene esa Agua nueva que
bautiza, y que se llama Espíritu Santo, y Él es el único que la tiene.
Sólo Él puede hacerlo, sólo de Él depende eso.
Lo que a nosotros nos corresponde, es fundamentalmente ejercer fe en eso, en
nuestro Señor y Salvador Jesucristo puede hacer en nosotros.
Yo
quiero implorarle a Dios que, hoy, nos regale una fe profunda para no depender
más de nuestro pasado, ¿qué pasa? ¿Por qué a veces andamos tan lento en la vida
del Espíritu? ¿Por qué estamos tan pendientes de los defectos humanos? ¿Y por
qué nos acostumbramos a explicar más el mal y no tanto a vencerlo?
¿Por
qué eso? ¿Por qué le damos tanto el corazón a esas explicaciones? ¿Qué clase de
gente somos nosotros buscándole más la explicación al mal, que su respuesta,
que su sanación, que su salud?
Una
fe más profunda, una fe más viva, hace más por la solución del mal que ,
explicaciones, razones del mal
Cristo
es el Cordero de Dios, es el único que quita el pecado del mundo, y lo quita con
el don del Espíritu Santo. Ese don se
recibe, y obra, y opera en nosotros, cuando nosotros ejercemos fe en el
ministerio bendito de nuestro Salvador.
Ese
es Jesucristo, comulgar es creer eso, por algo la Iglesia, pocos segundos antes
de la comunión, nos dice: “Este es el que quita el pecado del mundo” San Juan 1,29.
Cristo
OH MILAGRO ADMIRABLE, que nuna se aparte de mì realizar esa reconciliación que
sólo se logra quitando el pecado y dando la gracia del Espíritu Santo.
A
ese amor total de Cristo nos unimos , “Jesús, Señor, tú puedes hacerlo, tú
quieres hacerlo, tú sabes hacerlo, tú puedes arrancar la iniquidad de nuestras
vidas”.
Llamemos nuestro
corazón hacia la fe, despertémonos a la fe viva en la acción de Jesucristo que
bautiza con el Espíritu Santo
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