domingo, 22 de enero de 2017

Victoria






Jesús llega a nuestras vidas a quebrar todo lo que sea opresión en nosotros, a traer una libertad incontenible, a traer un júbilo que sólo tiene comparación en el júbilo de la victoria o en júbilo de la cosecha.
Son las obras de Cristo tales, que la persona que las recibe siente que se inunda de luz, siente que era como sombras de muerte, pero que se inunda de luz, se llena de luz.
A nosotros estas palabras de Isaías y de San Mateo nos invitan a valorar lo que hemos recibido de Jesucristo, pero también a saber que podemos esperar más de Jesucristo. ¿Hemos sentido ya que toda opresión se ha quebrado? ¿Hemos sentido ya el grito de la victoria? ¿Hemos sentido ya el júbilo de la cosecha? ¿Hemos sentido ya que nos inundamos de luz?
Estas expresiones son para nosotros, estas expresiones no son para las piedras o para las plantas, por más tiernas o bellas que sean las plantas, por simpáticos que nos parezcan los animales, jamás podrán recibir esto.
No son para las estrellas ni para el polvo de la tierra, no son para los ríos ni para los pájaros, estas palabras son para nosotros y para que nosotros experimentemos el júbilo de la buena noticia, el júbilo del Evangelio.
 "Se retiró Jesús a Galilea se estableció en Cafarnaúm junto en el lago y empezó a llenarlo todo de luz" San Mateo 4,16. ¡Qué felicidad para Cafarnaúm!
Sin embargo, hubo una vez en que Jesús recriminó a Cafarnaúm su incredulidad, ya que Cafarnaúm no aceptó a Jesucristo, Jesucristo cambió de estrategia, empezó a peregrinar por diversos sitios y finalmente llegó a Jerusalén, a la cruz y a la muerte, al sepulcro y a la gloria.
Ya que Cafarnaúm no le dio posada, ya que Cafarnaúm no supo apreciar el don que tenía, pues nosotros le podamos dar posada a Jesucristo, y yo les confieso que duré muchos años pensando que Jesús siempre había sido un peregrino.
 Jesús siempre había sido un itinerante, yo había pensado mucho tiempo que Jesús desde que salió de la casa de la mamá, de ahí en adelante ya nunca paraba, y eso no es cierto, Jesús tuvo casa y tuvo casa por un buen tiempo, algunos dicen que fue algo más de un año.
Jesús se estableció, En Cafarnaúm, Cafarnaúm queda al norte de Palestina, en la región de Galilea que era la región más lastimada, más empobrecida en la fe, tanto, que se la llamaba así “La Galilea de los gentiles”, como diciendo, "eso ya es prácticamente pagano, eso ya se perdió la fe allá".
En medio de esa oscuridad de la fe judía, este judío que es Jesucristo, predica el cumplimiento de las promesas al pueblo judío. Pues bien, Cafarnaúm no supo aprovechar eso, ni supo valorarlo ni supo gozarse.
Digámosle nosotros eso, digámosle: “Jesús, quiero que hagas casa en mí, yo trataré de valorar, con tu ayuda, con tu Espíritu, yo quiero valorar tus obras; pero quiero experimentar esto, quiero llenarme de este júbilo, quiero sentir lo que es la libertad de toda opresión.”
Eso es lo que Cristo ha traído a mi vida, una persona así estalla de júbilo, estalla de alegría, tiene eso que encontramos en la vida de los santos, uno lee que Santo Domingo andaba siempre con el rostro alborozado.
 El rostro alborozado es un rostro gozoso, un rostro feliz, un rostro lleno de alborozo, de alegría, es una explicación de la alegría de los santos, tienen a Jesús dentro, Jesús impera en sus almas, cero complejos, cero pecados, cero resentimientos, es la victoria, es una vida en victoria,
 Jesús empezó a predicar cuando Juan Bautista fue encarcelado, o sea que el dolor de Juan Bautista está antes de Cristo y el dolor de la Cruz está al frente de Cristo, Cristo tiene dos dolores, uno atrás y otro adelante, pero eso no quita que el Evangelio sea Evangelio.

Entonces esa es la vida para la que hemos sido llamados, una vida en victoria, en gozo, en júbilo, "una vida abundante" San Juan 10,10, como dijo Jesús en el evangelio de Juan.

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