martes, 10 de enero de 2017

Enseñar







Ser de Dios no es tener la gente para nosotros, no es conquistarla para nosotros o para nuestras obras, no es conseguir que piensen como nosotros, ni siquiera que tengan nuestras mismas devociones; ser de Dios es conducir la gente hacia Cristo, pero lo maravilloso es comprobar que sólo Cristo es capaz de hacernos discípulos de Él y es capaz de hacer que nosotros traigamos otros discípulos a Él.
Ser de Dios, ser verdaderamente bautizados y consagrados es conducir a las personas hasta Jesús. comenta San Juan Crisóstomo que Andrés, en breve tiempo, comunica lo que ha aprendido, pero lleva a su hermano a los pies de Aquél que puede enseñarle mejor.
Tenemos lo suficiente, apenas lo justo para conducirlos a Cristo, apenas lo justo para que el Señor sea su riqueza, su tesoro, su ciencia, su vida, su libertad.
Con ese propósito, con esa certeza de haber sido ganados por Cristo y alcanzados por Él y de querer conducirle otros para que también sean ganados por Él.
Él, cada día nos da el pan, la verdad y la luz para para ese día; en la Eucaristía también lo realiza, así logra Él la gloria del Padre.

Bendito sea su Nombre.

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