domingo, 22 de enero de 2017

Pronuncia






El Evangelio se pronuncia en nuestra vida, para que cuidemos la única vida que tenemos, para que aprovechemos  realmente la vida, la viva al derecho, para que usted no tenga que decir, cuando se haya terminado la capacidad laboral, cuando llega finalmente la decadencia, no tenga que decir: "Tuve sólo una oportunidad; la perdí".
Se pronuncia el Evangelio en nuestras vidas. Es una especie de sazón; Jesús compara en algún lugar al Evangelio con esa especie de sal. En regiones calientes y pobres se utiliza la sal para evitar que la carne se corrompa.
El Evangelio es como una especie de sal, por eso a veces arde un poquito, y tiene que arder un poquito, porque si el Evangelio no causa un poco de rasquiña, un poco de escozor, quiere decir que no escuchamos, lo que el Señor le quería decir.
El Evangelio es como una especie de sal, que arde un poquito, pero que ayuda a conservar las cosas en su propio sabor. El Evangelio es una palabra pequeña, pero que tiene un inmenso poder; es una palabra capaz de cambiar el sentido.
El Evangelio está hecho, para ser una palabra que puede cambiar su vida, para ser una palabra que usted la oye, que si usted la deja escurrirse por allá en su corazón, puede tocar áreas profundas, puede llegar allá donde otras palabras no llegan.
Escuche cada vez más el Evangelio. A medida que Jesús va caminando con el Evangelio,nos llenamos de luz, las enfermedades se curan, los pecados son perdonados,la esperanza renace.
A medida que Jesús va caminando, renace la generosidad y hombres como Pedro y Andrés, como Santiago y Juan, dicen: "Oigan, con ese Señor voy yo". Jesús pasa, Jesús sigue pasando en nuestras vidas.

Si un día usted está en la orilla y pasa Jesús, óigalo, y si de pronto Jesús le dice su nombre, sígalo y si ese Jesús le habla de amor, créale, créale, créale hasta el fin.

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