sábado, 21 de enero de 2017

Sufrimiento

Me gusta
Me encanta





El sufrimiento consagra, el sufrimiento perfecciona porque sólo por el sufrimiento perdemos algo de nosotros mismos y perder es la mejor oportunidad que nos da la vida para realmente dar.
 El completo dar es darse y no se aprende a darse sino cuando son tocados los propios intereses, cuando son movidos sus esquemas.
Nosotros no adoramos el sufrimiento, adoramos el amor, pero el amor sólo alcanza su plenitud dando, y nadie da de corazón si no llega a perder; nadie pierde sino con sufrimiento.
Nadie da de corazón sino es perdiendo, porque hay un egoísmo radical en nuestra naturaleza humana herida por el pecado.
Cristo Jesús, con una naturaleza semejante a la nuestra, sin el pecado, pero con toda la debilidad de nuestro ser, redime nuestra naturaleza desde dentro, redime al ser humano, no poniéndose frente a él, sino poniéndose dentro de él y llevándolo dentro de sí.
La primera naturaleza redimida es la misma naturaleza humana de Cristo, y en ese sentido, Cristo es no sólo Redentor sino redimido; el primer salvado es el mismísimo Salvador, la primera naturaleza en la que vemos esta salvación es la naturaleza del Salvador.
La Carta a los Hebreos le llama guía de la salvación, y por esa profunda solidaridad con nuestra naturaleza su llanto puede limpiar nuestras lágrimas, su cansancio puede aliviarnos, y su muerte sabe resucitarnos.
Bendito dolor de Cristo, santísimo amor del Redentor, ven a consagrar también los días que se nos escapan; ven a tomar, Señor, nuestro tiempo, nuestro afán, nuestro dinero, nuestro corazón; tómalo todo en nosotros y haz que también nosotros participemos de ti, ya que tú quisiste participar en todo lo de nosotros.
Bendito Jesús de Nazaret, bendito Jesucristo: tú, nuestra esperanza, nuestra salvación. A ti la gloria por los siglos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario