sábado, 7 de enero de 2017

Kejaritomène






Si lo pensamos bien, toda la vida de Cristo es manifestaciòn: hay una manifestación de la gracia, podemos decir, una evangelización a aquella a la que el Ángel llama kejaritoméne, a la que el Ángel llama: Agraciada, Predilecta, Niña Amada, muy Favorecida.
Ahí hay una manifestación, para María Santísima. El Nacimiento de Jesús es una epifanía, la visita de estos personajes de Oriente es una Epifanía; pero luego hay otras dos epifanías importantes que la Iglesia asocia sobretodo, por la tradición Oriental, más que por la de Occidente, con estas festividades.
Ellas son: el bautismo del Señor y el milagro de las bodas de Caná. De pronto nos hemos extrañado, quienes tenemos la fortuna, la gracia de orar con la Liturgia de las Horas, que en la antífonas de este día, que para nosotros es simplemente el día de la visita de los Reyes, se hable de tres prodigios: el agua convertida en vino, alusión a las bodas de Caná; la voz del Padre en el Jordán: "Este es mi Hijo amado" San lucas 3,22, y la visita de los Reyes.
Esos tres prodigios de este día son más bien la comprensión que la Iglesia tiene de que un mismo misterio envuelve esos acontecimientos. La voz del Padre en el Jordán manifiesta el misterio de Ése que se estaba bautizando, y que para ese momento que se estaba bautizando, para la gente era sólo otro pecador.
El milagro de las bodas de Caná es otra manifestación. Aquella primera señal, de acuerdo con lo que dice el evangelio de Juan, es una manifestación sobre quién es Jesucristo, en este caso, una manifestación a los discípulos.

Y este milagro, está sucesión de milagros, de hechos hermosos y prodigiosos que acompañan la visita de estos Magos de Oriente, también son una manifestación a los gentiles.

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