Necesita
hacerse visible, necesita una cierta forma de institucionalización, pero no
depende de esa estructura, depende solamante del álito santo del Resucitado, de
la fuerza de la Pascua del Resucitado.
Es
evidente que la predicación convoca personas y que de esa convocación se forman
comunidades y que esas comunidades son iglesias, las iglesias de los Apostóles,
iglesias Apostólicas, tan iglesias como Ëfeso, Corinto, Filipo, Roma, pero de
esas iglesias queda un rastro claro en la historia.
En buena parte los desconocemos porque no tuvieron éxito, y al celebrar la
Iglesia estos dos Apostóles sin éxito, está celebrando lo más puro de la
santidad que está en ese echar la semilla, la red en el nombre de Dios.
A nosotros nos corresponde
hacer bien nuestra propia tarea, y si nuestra tarea es de sembradores, es lo
que hemos de hacer, y esa fue la obediencia que tuvieron estos hombres a la
Palabra y al Espíritu del Resucitado.
Ellos
cumplieron con su encargo, fueron y sembraron, predicaron, fundaron
comunidades. El resultado lo dejaron a la libre acción del Espíritu Santo y a
la libre respuesta de los corazones humanos a esa propuesta del Espíritu.
Si San Pablo que hizo tanto por el Evangelio, pues en lo que pueden ver nuestros ojos,
se queja en la Carta a los Romanos tomando las palabras de Isaías y dice: "¿Quién
dió crédito a nuestro mensaje?" Carta a los Romanos 3,2, Carta a los Romanos 10,8.
Si
eso dice San Pablo, que puede contar entre sus comunidades a Corinto y a
Filipos, estos hombres sí que podrían decir y repetir esas palabras:
"¿Quién dió crédito a nuestro mensaje?", ellos son príncipes del
trabajo por amor a Dios, del trabajo desinteresado.
Si se piensa un poco llega incluso a conmoverse de pensar que estos hombres
perdieron su familia lo mismo que la perdió Pedro. San Pablo o cualquiera de ellos
perdieron su familia, sus raíces, lo dejaron todo por Cristo y se quedaron, en
este sentido, sin pasado.
Lo
único que les quedó fue Jesús, el amor y la plegaria que hicieron por la
conversión de los pueblos, pero de resto, lo perdieron todo; casi, casi que
quedan sin nombre.
Celebramos
esa sublime entrega, ese sublime amor de aquel que se entregó, se dio de tal
modo por Cristo que fue capaz de perderlo todo: futuro, pasado, éxito, nombre,
la historia.
"Para
mí la vida es Cristo y la muerte una ganancia" Carta a los Filipenses 1,18-26,
dice San Pablo, estos hombres lo vivieron hasta el extremo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario