sábado, 7 de enero de 2017

Isaìas 60,4










Así lo conceda Dios, la gloria del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.
 Dios sabe hablarle incluso a los astrólogos. Nadie piense que para encontrar a Dios se necesita huir de sí mismo. Si eres sincero contigo, si dejas que la luz entre en tu conciencia, y si recibes las estrellas que Dios te ofrece, también Él te conducirá a Jesucristo, para que Él sea tu salvación y para que tú le ofrendes lo mejor que tienes.
Demos gracias al Señor en esta hermosa solemnidad de Epifanía, hagamos también nuestro camino desde nuestras propias tierras hasta Jesucristo, démosle lo mejor de nosotros para que Él lo convierta en bienes y en salvación para muchas otras personas, y al adorarle en el pesebre y en la Eucaristía, digámosle: "Tú eres el Señor, Tú eres el Salvador de todos los pueblos".
Esa mirada de Dios que llega hasta lejos, es la que pide el profeta que nosotros tengamos: “Levanta la vista” Isaías 60,4. Cuando uno tiene la mirada abajo, uno sólo alcanza a mirar lo de uno, el baldosín en el que está parado, la casa en la que uno vive, las preocupaciones de uno.
¡Levanta la vista, levanta la vista! los intereses de Dios son más grandes, lo que Él está pensando es mayor, sus planes son generosos y el Cielo traerá muchísimas sorpresas.
Porque habrá pobres que parecían enemigos, que resultarán también hijos de Jerusalén, como dice aquí el Salmo: “filisteos, tirios y etíopes, han nacido allí, contaré a Egipto y a Babilonia entre mis fieles” Salmo 87,4. Babilonia y Egipto representan los pueblos más idolatras, más satánicos, más alejados, más enemigos.
Dice el Salmo aquel: “Contaré a Egipto y a Babilonia entre mis fieles” Salmo 87,4. Dios alcanza a mirar lejos.
En el evangelio, los Reyes Magos estaban lejos y ellos llegaron hasta Jesús. Herodes estaba al pie, Herodes estaba en Jerusalén, -de Jerusalén a Belén es un pasito-, pero Herodes que estaba ahí cerquitica de Belén, no fue.
Y los Magos que tuvieron que viajar muchos días, sí llegaron. Yo creo que Jesús había meditado en todas estas cosas cuando decía, cuando predicaba: “Los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos” San Marcos 10,31.
Dicen los Magos “Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo” San Mateo 2,2"Venimos a adorarlo", ¿qué implica? Obediencia, diligencia y reverencia, esas tres palabras son importantes para aceptarle los regalos a Dios.
Esa estrella fue un regalo que Dios les mandó a ellos, y ellos aceptaron el regalo con obediencia, con diligencia y con reverencia. Reverencia porque van a adorar, obediencia porque entienden la señal y porque la reciben como un mandato, diligencia porque se ponen en camino.
Ahora, miremos qué pasó con Herodes. Al enterarse, el Rey Herodes se sobresaltó, convocó a los Sumos Pontífices y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Herodes no tiene obediencia a la señal de Dios, para él, la señal de Dios entra en conflicto con sus intereses, no puede obedecerla.
Esta llegada de la estrella y esta llegada del Mesías, se refiere a la primera venida de Cristo, la que estamos celebrando ahora en Navidad. Pero de la primera venida de Cristo podemos aprender muchas cosas, para la segunda venida de Cristo.
Cuando vuelva Cristo seguramente se presentarán estas dos actitudes, habrá gente que se alegre, que se llene de una inmensa alegría, por las señales del retorno del Señor. Y habrá otras personas que se llenarán de terrible angustia por el retorno del Señor, por la llegada de nuevo de Cristo.
Entonces fíjate cómo hay reyes que tienen su imperio, pero que lo postran, lo ofrecen a Jesucristo. Los otros reyes como Herodes, que tenía su imperio, intenta retenérselo a Cristo, escondérselo a Cristo, eso sucederá cuando vuelva el Señor.
Los que quieran ofrecerle todo a Jesucristo, no tienen qué temer, se llenarán de inmensa alegría. Pero, aquellos otros que quieren hacer su imperio a espaldas de Cristo, a escondidas de Cristo, ante las noticias de la llegada del Señor, sentirán pánico, sentirán angustia.
 De esta fiesta de la Epifanía, podemos sacar unas meditaciones muy hermosas sobre la muerte. Porque la muerte es como la segunda venida de Cristo en versión personalizada, para cada uno. La segunda venida de Cristo es el encuentro con Él, para todos.
Pero bueno, si tal vez no sucede esa segunda venida mientras nosotros estamos vivos, una cosa sí es cierta, y es que de todas maneras nos encontraremos con Él al final de esta vida. O sea que la fiesta de la Epifanía, también nos ayuda a preparar nuestra muerte, nuestro encuentro con el Señor.
Lo que he dicho de la estrella y lo que he dicho de la llegada de Cristo, vale también para nuestra propia muerte. La persona que ha vivido su vida como Herodes: “Que nadie se meta conmigo, que me dejen la vida en paz, que me dejen hacer lo que yo quiera”, mira con angustia la muerte.
La persona que tiene su oro su incienso y su mirra a los pies de Cristo, cuando oye la noticia de la muerte se llena de inmensa alegría. De manera que ahí hay un test muy sencillo para saber de qué lado está uno, todos los que sientan angustia con la idea de la muerte, ¡cuidado!, esos están más bien como haciéndole cola a Herodes, ¡cuidado!
En cambio, los que sientan la inmensa alegría de morir, esos están más cerca de estos Magos que se dejaron guiar hasta el Pesebre. Entonces, esta es una fiesta muy actual y muy aplicable a nuestra vida. Si ante la muerte usted está lleno solamente de terror, tengo que llamarlo Juan Herodes o Pedro Herodes o María Herodías, claro, usted es del bando de Herodes.

Mirar con esperanza, porque usted tiene su oro ante Cristo, su incienso ante Cristo, usted sigue las señales de Dios y tiene una inmensa alegría,  quiero aprender de usted para también llegar donde Jesús y ofrecerle todo lo que soy, todo lo que espero y todo lo que tengo......

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