Así lo conceda Dios, la gloria del Padre, del Hijo, y del
Espíritu Santo.
Dios sabe hablarle incluso
a los astrólogos. Nadie piense que para encontrar a Dios se necesita huir de sí
mismo. Si eres sincero contigo, si dejas que la luz entre en tu conciencia, y
si recibes las estrellas que Dios te ofrece, también Él te conducirá a
Jesucristo, para que Él sea tu salvación y para que tú le ofrendes lo mejor que
tienes.
Demos gracias al Señor en esta hermosa solemnidad de Epifanía,
hagamos también nuestro camino desde nuestras propias tierras hasta Jesucristo,
démosle lo mejor de nosotros para que Él lo convierta en bienes y en salvación
para muchas otras personas, y al adorarle en el pesebre y en la Eucaristía,
digámosle: "Tú eres el Señor, Tú eres el Salvador de todos los
pueblos".
Esa mirada de Dios que
llega hasta lejos, es la que pide el profeta que nosotros tengamos: “Levanta la
vista” Isaías 60,4. Cuando uno tiene la mirada abajo, uno sólo alcanza a
mirar lo de uno, el baldosín en el que está parado, la casa en la que uno vive,
las preocupaciones de uno.
¡Levanta la vista,
levanta la vista! los intereses de Dios son más grandes, lo que Él está
pensando es mayor, sus planes son generosos y el Cielo traerá muchísimas
sorpresas.
Porque habrá pobres que
parecían enemigos, que resultarán también hijos de Jerusalén, como dice aquí el
Salmo: “filisteos, tirios y etíopes, han nacido allí, contaré a Egipto y a
Babilonia entre mis fieles” Salmo 87,4.
Babilonia y Egipto representan los pueblos más idolatras, más satánicos, más
alejados, más enemigos.
Dice el Salmo aquel:
“Contaré a Egipto y a Babilonia entre mis fieles” Salmo 87,4. Dios alcanza a mirar lejos.
En el evangelio, los
Reyes Magos estaban lejos y ellos llegaron hasta Jesús. Herodes estaba al pie,
Herodes estaba en Jerusalén, -de Jerusalén a Belén es un pasito-, pero Herodes
que estaba ahí cerquitica de Belén, no fue.
Y los Magos que tuvieron
que viajar muchos días, sí llegaron. Yo creo que Jesús había meditado en todas
estas cosas cuando decía, cuando predicaba: “Los últimos serán los primeros y
los primeros serán los últimos” San Marcos 10,31.
Dicen los Magos “Hemos
visto salir su estrella y venimos a adorarlo” San Mateo 2,2. "Venimos a adorarlo", ¿qué implica? Obediencia,
diligencia y reverencia, esas tres palabras son importantes para aceptarle los
regalos a Dios.
Esa estrella fue un
regalo que Dios les mandó a ellos, y ellos aceptaron el regalo con obediencia,
con diligencia y con reverencia. Reverencia porque van a adorar, obediencia
porque entienden la señal y porque la reciben como un mandato, diligencia
porque se ponen en camino.
Ahora, miremos qué pasó
con Herodes. Al enterarse, el Rey Herodes se sobresaltó, convocó a los Sumos Pontífices
y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Herodes no tiene obediencia a
la señal de Dios, para él, la señal de Dios entra en conflicto con sus
intereses, no puede obedecerla.
Esta llegada de la
estrella y esta llegada del Mesías, se refiere a la primera venida de Cristo,
la que estamos celebrando ahora en Navidad. Pero de la primera venida de Cristo
podemos aprender muchas cosas, para la segunda venida de Cristo.
Cuando vuelva Cristo
seguramente se presentarán estas dos actitudes, habrá gente que se alegre, que
se llene de una inmensa alegría, por las señales del retorno del Señor. Y habrá
otras personas que se llenarán de terrible angustia por el retorno del Señor,
por la llegada de nuevo de Cristo.
Entonces fíjate cómo hay
reyes que tienen su imperio, pero que lo postran, lo ofrecen a Jesucristo. Los
otros reyes como Herodes, que tenía su imperio, intenta retenérselo a Cristo,
escondérselo a Cristo, eso sucederá cuando vuelva el Señor.
Los que quieran ofrecerle
todo a Jesucristo, no tienen qué temer, se llenarán de inmensa alegría. Pero,
aquellos otros que quieren hacer su imperio a espaldas de Cristo, a escondidas
de Cristo, ante las noticias de la llegada del Señor, sentirán pánico, sentirán
angustia.
De esta fiesta de la Epifanía, podemos sacar
unas meditaciones muy hermosas sobre la muerte. Porque la muerte es como la
segunda venida de Cristo en versión personalizada, para cada uno. La segunda
venida de Cristo es el encuentro con Él, para todos.
Pero bueno, si tal vez no
sucede esa segunda venida mientras nosotros estamos vivos, una cosa sí es
cierta, y es que de todas maneras nos encontraremos con Él al final de esta
vida. O sea que la fiesta de la Epifanía, también nos ayuda a preparar nuestra
muerte, nuestro encuentro con el Señor.
Lo que he dicho de la
estrella y lo que he dicho de la llegada de Cristo, vale también para nuestra
propia muerte. La persona que ha vivido su vida como Herodes: “Que nadie se
meta conmigo, que me dejen la vida en paz, que me dejen hacer lo que yo
quiera”, mira con angustia la muerte.
La persona que tiene su
oro su incienso y su mirra a los pies de Cristo, cuando oye la noticia de la
muerte se llena de inmensa alegría. De manera que ahí hay un test muy sencillo
para saber de qué lado está uno, todos los que sientan angustia con la idea de
la muerte, ¡cuidado!, esos están más bien como haciéndole cola a Herodes,
¡cuidado!
En cambio, los que
sientan la inmensa alegría de morir, esos están más cerca de estos Magos que se
dejaron guiar hasta el Pesebre. Entonces, esta es una fiesta muy actual y muy
aplicable a nuestra vida. Si ante la muerte usted está lleno solamente de
terror, tengo que llamarlo Juan Herodes o Pedro Herodes o María Herodías,
claro, usted es del bando de Herodes.
Mirar con esperanza,
porque usted tiene su oro ante Cristo, su incienso ante Cristo, usted sigue las
señales de Dios y tiene una inmensa alegría, quiero aprender de usted para también llegar
donde Jesús y ofrecerle todo lo que soy, todo lo que espero y todo lo que
tengo......
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