Jesús es la manifestación de la gracia y gloria para los
gentiles, como lo expresa en palabras inmortales el Apóstol San Pablo, como lo
expresa el texto que hemos escuchado en la Carta a los Efesios: ”Este es el
misterio que estaba oculto, el misterio que no había sido manifestado a los
hombres en otros tiempos, y que ha sido revelado por el Espíritu de Dios ahora,
que también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo, partícipes
de la misma promesa" Carta a los Efesios 3,5-6.
Epifanía es también manifestación a nosotros los gentiles, a
nosotros los no judíos, y Epifanía es también manifestación, de acuerdo con esa
voz del Padre en el Jordán, especialmente para los pecadores; ahí donde hay pecado
con arrepentimiento, esta cerca el perdón con la gracia.
Cuando uno piensa en esa
manifestación de Cristo en el Jordán, uno siente que donde hay verdadera
contrición, no está lejos sino que ya ha empezado la obra de la gracia, porque
la contrición ya es gracia.
Estas consideraciones nos obligan a levantar el corazón más allá
de lo anecdótico, más allá de los reyes al pie del pesebre, más allá de los
regalos, como se acostumbra,pero más allá del anécdota de los reyes y de los
regalos, en términos generales, invita, obliga a abrir el corazón a Cristo como
Epifanía del Padre.
Esta festividad, en toda su magnificencia, en todo su
despliegue, de algún modo supera incluso a la misma Natividad.
Ante este Cristo manifestado, ante este Cristo insignia de
salvación para judíos y no judíos y para pecadores, la fe de los cristianos de
Oriente y Occidente reconoce con agradecimiento y alabanza a la misericordia
del Padre.
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