viernes, 20 de enero de 2017

Conertirse





Cuando Cristo llega a nuestra vida, cambia nuestra forma de valorar, cambia nuestra forma de descubrir qué tiene valor, qué tiene peso, qué tiene importancia. San Pablo llega a decir, que "considera basura todo lo que antes era valioso para él. Ahora, se ha convertido como en una basura" Carta a los Filipenses 3,7-8,3,4-6.
 Cristo viene a nuestra vida y nos enseña a valorar nuestras cosas de otro modo.
San Pablo nos dice, que "él tendría mucho de qué gloriarse", y dice, que "él llevaba una conducta irreprochable" Carta a los Filipenses 3,4-6.
Filipenses es muy importante para comprender qué fue lo que sucedió en el Apóstol San Pablo. Todos recuerdamos con seguridad, el capítulo noveno de los Hechos de los Apóstoles, donde se narra la conversión de San Pablo, cómo iba llegando a la ciudad de Damasco, una luz lo encegueció y  esto es interesante, no sólo por comprender la vida de  San Pablo, de alguna manera, sino también para que no pensemos que el cristianismo se limita a ser una buena persona, a portarse bien.
Convertirse no es simplemente portarse bien. O dicho de otra forma, la conversión no se limita al aspecto moral. Convertirse no es en primer lugar reformar nuestras costumbres, sino es en primer lugar, abrirnos a Dios, abrirnos al regalo que Él nos trae.
Es la esencia misma de la conversión lo que está en juego aquí. Si convertirse consiste en portarse bien, entonces San Pablo no tenía que convertirse. Pero, si convertirse es en primer lugar abrirse al plan de Dios para que Dios cumpla su voluntad en nosotros, entonces San Pablo sí que necesitaba convertirse. La compasión de Dios lo alcanzó en el camino de Damasco, para que recibiera esa conversión.

Pidamos, al Señor, que su misericordia triunfe en nuestra vida, que nosotros podamos abrirnos completamente a su acción, a su propuesta, a su plan. ¡Que Él haga por completo su querer en nosotros!

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