viernes, 20 de enero de 2017

Unica





La Epifanía es una fiesta única y múltiple, como lo recuerdan las antífonas de la Liturgia de las Horas.  habrán notado que el día de Epifanía se dice: "Este es un día señalado por tres prodigios", y se habla de los Magos de Oriente, y se habla del Bautismo de Cristo en el Jordán, y se habla de las Bodas de Caná.
Es un milagro múltiple, la Epifanía más que un momento particular, más que una hora única en la vida de Cristo, es la conciencia que la Iglesia toma, de que la Carne de Cristo porta un significado, es un descubrimiento que sucede en distintos momentos.
Los Magos de Oriente lo descubrieron siendo Jesús todavía niño, los discípulos de Cristo los descubrieron en las Bodas de Caná, cuando ya no estaba tan niño.
La Epifanía es el comienzo de ese descubrimiento que cada uno de nosotros tiene que hacer, que cada comunidad tiene que hacer, que la Iglesia tiene que hacer, el descubrimiento de toda la fuerza de significación que tiene esa Carne de Cristo. Para que la Epifanía nos suceda también a nosotros, necesitamos un caminito, que es el que vamos a recorrer de la mano del capítulo primero del evangelio de Juan.
Recordamos que en el Adviento, varias veces resonó la voz de San Juan, la persona de Juan, la palabra de Juan el Bautista.
Juan nos estaba diciendo que allanáramos el camino, que preparáramos las sendas.
Juan,  vuelve a aparecer Juan en escena, preparándonos, educándonos, y lo primero que nos enseña este Juan es: "Yo no soy el Mesías" San Juan 1,20, "no soy Elías" San Juan 1,21, "no soy el Profeta" San Juan 1,21. Eso es lo primero que nos enseñó Juan.
San Juan nos va a preparar, en este que yo llamo un "Adviento chiquito", nos va a preparar a la Epifanía, para que nosotros tengamos Epifanía, para que la Carne de Cristo se vuelva significativa para nosotros, para que despegue, para que brille, despunte la gloria de Cristo, naciendo, saliendo de esa Carne que la Virgen Santísima le dio, según la voluntad del Padre Celestial.
San Juan 1,19, "Qué dices de ti mismo?" San Juan 1,22, vuelve Juan: |Allanad el camino del Señor"San Juan 1,23.
"Por qué bautizas?" San Juan 1,25. Fíjese que Juan Bautista no respondió a esa pregunta, "dijo: "Yo bautizo con agua, en medio de vosotros hay uno a quien no conocéis"San Juan 1,26.  
Juan decía: "En medio de vosotros hay uno que no conocéis"  esta es una semana muy bella, acaba de terminar la Octava de Navidad, esta es una semana muy bella para asomarnos con especial reverencia al misterio de Cristo y preguntarnos si nosotros conocemos a Ése que está en medio de nosotros.
"No soy digno de desatar la correa de las sandalias" San Juan 1,27.
Fíjese usted que no estamos desorbitados en esto porque, en las iglesias de Oriente, la fiesta grande no es el Nacimiento, es la Epifanía: o sea que en cierto sentido, si vamos a aplicar la lógica esa de Adviento y Navidad, lo que tendríamos que decir es que, para los orientales, este momento todavía sería como Adviento, porque no ha sucedido la Epifanía.
Tener la Carne de Cristo, todavía no es mucho, si no sabemos a quién tenemos, y eso, saber a quién tenemos y recibir el significado que porta esa Carne, eso es lo que nos va a a dar la Epifanía.
Lo primero que asegura Juan es: "Yo no soy el Mesías" San Juan 1,20, La palabra "Mesías", entonces, resume todos los anhelos del Antiguo Testamento; la palabra "Mesías" recoge toda la experiencia de debilidad, de fragilidad, de contradicción y de pecado que aparece en el Antiguo Testamento. Decir: "Yo necesito al Mesías", es decir: "Sólo si Dios me envía su salvación, yo seré salvo".
Lo único que puede cambiar esta historia es que un hombre sea ungido, que reciba la unción de Dios, que siendo como nosotros, tenga la unción que nosotros no tenemos. Esa es la teología del Mesías.
 Jesús es el Mesías, es la afirmación de que en ése Jesús,  El Jesús del pesebre, el Jesús que se cansa y tiene sed, el Jesús que llora de angustia y muere en la Cruz; ese Jesús que muere sin odio, perdonando, amando y padeciendo, ese es el Mesías.
La Carta de Juan quiere que nosotros descubramos quién es el Mesías, que nos demos cuenta por cuál camino es que viene la salvación, por dónde y cómo nos ha llegado la redención a nosotros, para que en ese descubrimiento, permanezcamos llenos de fe, llenos de gratitud, llenos de gracia y llenos de amor.

Que Dios nos ayude con la luz del Espíritu Santo, que nos dé tiempo, sabiduría, paladar y amor para gustar estas palabras, y para saciarnos infinitamente, interminablemente, en lo que Dios nos presenta con esa palabra.

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