Los Apóstoles vivieron cerca del Señor. verlo conmovido, compasivo ante la
muchedumbre, como en aquella oportunidad en que dijo: "Me duelen las
entrañas, porque esta gente está como ovejas sin pastor" Marcos 6,34.
Le habían visto conmovido, y le habían visto dolerse y gastarse,
consiguientemente, por el bien de su pueblo; ahora lo ven resuelto lo ven en esa actitud de
prisa, de despedida y de final. Como que Cristo les dijera: "Está llegando
el tiempo esta gente sentía que no le
aguantaba el paso a Cristo.
Al final del capitulo IX del evangelio de San Lucas,
este Evangelista nos dice que, "Jesucristo emprendió resueltamente el
camino a Jerusalén" San Lucas 9,51.
En Jerusalén se acumulaban los enemigos de Cristo, pero Cristo
emprende resueltamente el camino hacia Jerusalén, y esa resolución seguramente
se notó en su manera de actuar, de hablar, incluso, en su manera de caminar,
porque todos los recorridos eran a pie.
Los Apóstoles comenzaron
a sentir que ya no le aguantaban el paso a Cristo, que la obra de la redención
no era sólo atender a un enfermito, a un pecador; que no era simplemente sanar
a un paralítico o incluso resucitar a un muerto; que la obra de la redención
estaba movida por un corazón que así como es de dulce, amoroso y paciente, así
también es resuelto, generoso y exigente.
Y cuando ya los llevaba jadeando, no tanto por el ritmo de sus
pies, como por el ritmo de su alma enamorada, cuando ya sentían que no le daban
la talla, tuvieron que decirle: "Auméntanos la fe" San Lucas 17,5; "nos estamos quedando
ya, ya no estamos dando el ritmo", "auméntanos la fe" San Lucas 17,5.
Cristo, como si les hubiera oído la petición, no más oyó la
palabra fe, les dice: "mire, si ustedes tuvieran fe otra sería la
historia", y siguió caminando.
Esa respuesta de Cristo tuvo que haber dejado un poco
desconcertados, y quizá desilusionados a los Apóstoles. Ellos habían visto,
como lo narra el Evangelio, que cuando se encontró con esa muchedumbre, dice allá
el Evangelista: "Se puso a enseñarles con paciencia" San Marcos 6,34.
Su misión está, ya no en un paraje ameno y tranquilo, ya no está
en una plática sabrosa y en una larga oración; ya todos los discursos empiezan
a sobrarle a Cristo; ya no está para discursos largos, sino, mira bien las
palabras de este evangelio en el
capítulo XVII de San Lucas.
El desenlace es precisamente la Cruz. Toda esa prisa de Cristo,
todo ese afán era la Cruz.
Cristo, paradójicamente, tienen prisa cuando toda su vida y toda
su obra van a estrellarse Él mismo va a
quedar despedazado. Y si uno mira la Pasión, y si uno mira sobre todo la Cruz,
de Cristo,
La Cruz es una puertecita estrecha por la que se pasa a lo que
Cristo quería llegar, al sepulcro. , si no buscaba la Cruz, sino que buscaba el
sepulcro".
El sepulcro era otra puertecita estrecha por la que se pasa a la
Casa, a la gloria, a la vida eterna, la misma que nos menciona el Apóstol Pablo
en su comienzo de la Carta a Tito: "En realidad, Cristo tenía prisa por
llevar al universo entero hacia la gloria, hacia la paz, hacia la vida eterna" Carta a Tito 1,1.
Sólo la prisa del que se quema y se gasta por amor, sólo ese
género de prisa es capaz de hacer algo por la tierra. Y por eso a la pregunta:
"Auméntanos la fe" San Lucas 17,5, tal vez
no le respondió la boca de Cristo.
Pero los pies de Cristo, que no cesaban de caminar; y el
corazón, que no cesaba de amar; y los ojos de Cristo, que no cesaban de amar y
llorar, esa fue la respuesta para los Apóstoles y esa es también la respuesta
para nosotros
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