lunes, 2 de diciembre de 2013

Afirmaciones

Estas afirmaciones las tiene nuestra inteligencia con firmeza, como si pudiera ser demostrado, como si estuviera completamente demostrado, la fe se parece al conocimiento a lo que Santo Tomás llamaba "la ciencia", porque la fe permite aprehender el objeto con certeza.
Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Desde luego que la razón tampoco puede negar lo que me afirma la fe, de ninguna manera lo niega, pero no lo logra demostrar.
Cuando se afirma:  Cristo es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre, ahí mi inteligencia goza de certeza, pero no goza del camino hacia esa certeza.
Esa certeza me pone en camino, ese camino que recorre mi inteligencia hacia el objeto que le ha sido como donado por Dios, ese camino es precisamente el camino de la teología, a la cual, magistralmente llamó San Anselmo, “la fe que quiere entender”, "fides quaerens intellectum", "la fe que quiere entender".
Entonces se ve bien cómo, en la esperanza, el objeto que yo asumo como propio no lo tengo por mis propias fuerzas, lo tengo como un don que me pone en camino hacia una comprensión más perfecta. La fe es un don, un don del Espíritu.
La esperanza. Si pensamos en lo que significa radicalmente la esperanza, esta confianza puesta en Dios, más allá de lo que ofrece esta tierra y más allá del umbral de la muerte, comprendo que la esperanza es locura a los ojos del mundo; así como la fe sería una elección caprichosa, "usted quiso creer en eso, déjenme a mí creer en otra cosa", así también la esperanza parece locura
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