jueves, 26 de diciembre de 2013

Es decir, la manera de amar de Jesús es al extremo, y es al extremo, porque Él quiere tener una palabra de amor que pueda llegar a todos, una palabra de amor que no excluya a nadie, ni siquiera al que se siente feliz pecando, ni siquiera al que ha rechazado a Dios. Jesús ha llegado al extremo de la Pasión. La Pasión muestra que todos pueden tener esperanza en un Dios que no se cansa de amar, que es obstinado en amar y salvar. El amor total de Jesucristo está mostrando, que todos los rincones del corazón humano pueden ser alcanzados por el poder de Dios. El extremo de amor que Él da, se convierte en un extremo de exigencia. Si todo lo que hay en mi vida puede ser amado y salvado por Jesús, entonces Él se convierte en el Rey de todo lo que yo soy, Él se convierte en el Señor de toda mi existencia. Y esto significa que yo ya no tengo una vida distinta de la vida que Él me da. El destino natural de todo ser humano después de Cristo, es poder decir lo que dijo San Pablo: "Ya no vivo yo, es Él quien vive en mí" Carta a los Gálatas 2,20.

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