Jesùs sí quería que se organizaran los recursos de esta tierra a favor de los más pobres, porque Él venía de los más pobres; Jesús sí quería que se organizara el mundo. Entonces, ¿Jesús por qué rechaza esa propuesta del demonio? La rechaza por tres razones.
En primer lugar, porque el demonio le ofrece todos los reinos del mundo con una condición, que reconozca que esos reinos son de él, y eso es un homenaje a Satanás, y eso no lo iba hacer Cristo.
Segundo, el demonio le dice: “Yo te los entregaré” San Lucas 4,6; Jesús no necesitaba recibir del espíritu maligno nada, por eso lo rechaza.
Tercero, y más importante, Jesús rechaza la oferta del demonio por una razón, porque lo que Él había descubierto como voluntad de su Papá era otra cosa, y Él quería hacer la voluntad de su Padre Dios.
Pero la tentación de todos los reinos es real, era una tentación real para Cristo. Es decir, es algo que tenía sentido dentro de los anhelos del Alma de Cristo, y lo mismo se puede decir de ese "tírate del templo" San Lucas 4,9.
Jesús sabía que las realidades que nos encontramos en esta tierra, las realidades materiales que vemos en esta tierra, no son solamente como las vemos; Jesús sabía que más allá de lo que ven nuestros ojos hay muchas otras cosas, hay muchos otros poderes. Jesús sabía que esos poderes, muchas veces, son importantes para las personas, en el sentido de que las personas se convencen con algunos de esos poderes. De manera que ese tirarse del pináculo del templo y ser sostenido por ángeles y bajar suavemente hasta la tierra, podía servir para que mucha gente se maravillara y creyera. Era algo real.
Las cosas que le propuso el demonio a Jesucristo, eran cosas reales para lo que el alma de Cristo estaba sintiendo; Jesús quería convencer a la gente, Jesús quería llevar a la gente a otro estado, a otra convicción, a otra manera de ser.
Pero un momento, ¿es eso lo que quiere la Palabra de Dios, ese espectáculo? ¿Es esa una verdadera convicción, el simplemente causar espanto en la gente? ¿Eso es convertir sus corazones? No. Por eso Jesús rechaza esa tentación, y por lo otro que hemos dicho, por la voluntad del Padre.
O sea que las tentaciones que aparecen en la Escritura, son tentaciones reales para una persona como era Cristo. Es que las tentaciones son para cada personalidad, para cada psicología; una cosa que puede ser una gran tentación para una persona, para otra, no es una gran tentación.
Hay gente que se desvive por el dinero, hay otra gente que no. Poner a alguien, que no le interesa la plata, a administrar dinero, no es ponerlo en una gran tentación. O sea que las tentaciones de Cristo, ese pasaje es clave, nos describen los rasgos del Alma de Cristo, los rasgos esenciales.
Ahí, si sabemos meditar y si sabemos leer, aparecen rasgos de cómo era el Alma de Cristo.Nos enseña que Jesús, seguramente, tenía en su corazón un anhelo inmenso de que todos los pueblos fueran bien gobernados; que todas las naciones, que todos los reinos tuvieran sus recursos justos, y en favor de todos.
Jesús tenía anhelos así, preocupaciones así, dolor por los más necesitados.
“Haz que estas piedras se conviertan en pan” San Lucas 4,3, ahí debe haber algo muy profundo. Eso no era simplemente un asunto de hambre. No. Ahí debe haber un secreto que está en la Escritura, para que nosotros, con la ayuda del Espíritu Santo, descubramos qué es lo que hay ahí.
Jesús está entretejido en la historia humana, y en medio de esa historia, solidario con esa historia; pero al mismo tiempo, nuevo dentro de esa historia. Jesús es verdadero Dios y es verdadero hombre.
Dios, se da en Jesús, Jesús es Dios. O lo contrario: esto es Dios, Jesús es Dios, esto se tuvo que haber dado en Jesús. Si nosotros razonamos de esa manera, en el fondo, estamos pensando que nosotros sabemos qué es Dios, o quién es Dios, que lo sabemos completamente y que de ahí podemos deducir cómo tenía que obrar Jesús.
Lo que estoy diciendo es esto: nosotros no podemos tomar la afirmación de la Divinidad de Jesucristo de una manera tan simplista, como decir: “Nosotros sabemos qué es Dios, o quién es Dios, por lo tanto, sabemos cómo tenía que actuar Jesús”. La Escritura procede al contrario: conoce a Jesús, sabrás quién es Dios, y sabrás cómo obra Dios. Jesús es la revelación plena de Dios, y por consiguiente, en el conocimiento de Jesús sabemos cómo es Dios.
Jesús da señales de que el Dios de la Alianza, está presente de un modo irrepetible, intenso, en cierto sentido, incomunicable en Él”.
Y que a través de esta revelación de Jesucristo, podemos descubrir la plena revelación de quién es ese Dios, que nos venía hablando desde la Antigua Alianza. Que Dios, nos permita adorar la humillación del Verbo, y nos permita reconocer a Nuestro Salvador.
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