domingo, 8 de diciembre de 2013

Cielo

 Es una fiesta de cielo, esta es una fiesta de gloria, de cielo; esta es una fiesta de gloria, de gozo y de cielo; y por eso, si a veces carecemos tanto de luz, si nuestra mente y nuestro corazón alcanzan a alegrarse tanto en Ella,  cuánto se alegrarán los Ángeles.
Los Ángeles, bendecidos por la misma gracia de Dios, pueden con mayor profundidad, con mayor agilidad, con mayor sabiduría y sobre todo, con mayor amor, descubrir en los ojos y en el Corazón Inmaculado de la Virgen, al mismísimo Dios a quienes ellos adoran.
Los Ángeles, en un movimiento espontáneo e irreprimible de su corazón repleto de Dios, la reconocen a Ella como Reina, como Señora, en Ella de tal manera obra Dios, de tal manera obra su poder de redención, que en Ella y a través de Ella, se reconoce mejor que en cualquier otra criatura, la acción misericordiosa del Creador. Es un cielo, tener a María, mirar a María. Yo creo que ya no hay mucha distancia entre eso y el cielo; abrazarla, recibirla, amarla, aceptarla, acoger esa propuesta de esos ojos que han llorado por el pecado del mundo, de ese corazón que ruega por ti, por mí, recibir esa propuesta de ese corazón, mirar esos ojos, ya no hay mucha distancia entre el cielo.

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