En hebreo se dice Joshua, que significa, "el Señor salva", "el Salvador". Es el nombre que trae este Niño: "El Salvador". Es gran cosa salvar a un náufrago, salvar de la ruina, salvar del hambre, pero la mayor de todas las obras es salvar del abismo del pecado. De de ese abismo y de esa muerte nos va a rescatar este Niño.
El cielo quería que Él se llamara así: "Salvador", porque es el que tiene poder para salvar; Salvador porque es el que sabe cómo se llega a los parajes donde están las ovejas perdidas.
Salvador, porque es capaz de compadecerse de todos. Jesús Salvador por poder, por sabiduría y por misericordia. Jesús es el Salvador. Así quería el cielo que se llamara y así lo recibimos nosotros en esta tierra. Vamos a recibirlo entonces en esa Eucaristía como Salvador nuestro.
Que su Cuerpo salve nuestro cuerpo, que su Corazón salve nuestro corazón, que su vida salve nuestra vida; que venga Él a reinar en nosotros y en todo lo que somos.
Jesús salva amando y amando reina. Su Palabra ha llegado a nosotros. ¿Cómo la aceptamos? ¿La comulgamos? ¿Nos la comemos? ¿Creemos que esta Palabra es verdad?
Ahora vamos a comulgar con su Cuerpo y con su Sangre.
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