viernes, 20 de diciembre de 2013

Cantar

 
El Cantar de los Cantares ha recibido tres formas de interpretación, ha habido como tres caminos el de ver simplemente en ese libro, una historia, una colección de poemas de amor que son propios del pueblo de Dios.
Israel no tiene una colección amorosa que existiera al margen de la Biblia, sino que la Escritura, de alguna manera es toda la Escritura, la Sagrada Escritura de alguna manera es toda la Escritura de Israel.

La Biblia puede hablar de amor y de amor humano, de la alegría de ser papá, de la alegría de ser mamá, de la alegría de tener una viña, de la alegría de enamorarse, de la alegría de emprender una obra y llevarla a término, de la alegría de sentirse en paz en casa o en la ciudad, será porque Dios tiene muy buena salud mental.
Será porque Dios sabe y puede hablar de todas las cosas, y será porque Dios, que precisamente tiene ese equilibrio y esa salud y esa sanidad, a través de la lectura de la Biblia va a sanar y puede sanar y quiere sanar todas las áreas de nuestra vida. Esa es una forma de leer este libro.
Otra forma es comparar a Dios con el amado, y al pueblo con la amada. De hecho, los Profetas iniciaron esa especie de metáfora que se repitió muchos siglos: hablar de Dios como un enamorado de su pueblo, por ejemplo, leamos Osea.
Dios es como el gran enamorado de su pueblo, de esos enamorados tercos que le queda mal que a veces como que le es infiel, pero El tan tercamente no tiene otro amor en su cabeza ni en su corazón y no sabe sino buscar la reconciliación, anhela ese encuentro y esa unión con su amada, es decir, con el pueblo de Dios.
Mirar, en la amada, el alma humana. Nuestro corazón, nuestra alma, que fue hecha por Dios para unirse con Él, es la interpretación más mística, es la interpretación de un Bernardo de Claraval o de un Juan de la Cruz.
Es la interpretación que descubre, que más allá de todos los amores humanos, incluso los amores lícitos y permitidos y propiciados por Dios, más allá de todos esos amores, hay un beso que sólo Dios sabe dar, hay una ternura y una caricia que sólo Dios puede otorgar.
El alma humana es femenina, ante Dios, en ese sentido, todos somos femeninos, porque todos de alguna manera necesitamos de ese cortejo de Dios, y Él, en una lectura como la de hoy, quiere escuchar esa voz nuestra, la voz de cada uno, la voz de cada alma.
 "Yo quiero oír tu voz" Cantar de los Cantares 2,8, tú no te puedes recostar en la fe de otra persona o en la virtud de otra persona.
“Yo quiero oír tu voz" Cantar de los Cantares 2,8, quiero que ese "te quiero", quiero que ese "te amo", salga de tu voz". Y en este sentido no basta con que uno tenga uno amigos muy creyentes, o parientes muy fervorosos, Dios quiere oír tu voz, la tuya.
Dios nos está diciendo: "En los huecos de la peña, en los escondrijos de la cuesta déjame ver tu figura, aparece tú ante mí" Cantar de los Cantares 2,14.
En esta interpretación mística Dios quiere ver la figura tuya, la tuya, quiere oir tu voz, no basta con que el universo entero le diga a Dios, "Señor, te amo", a Dios le está faltando el "te amo" de alguno de nosotros, de alguna de nosotros.

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