Primero lo sanó de la exclusión espiritual, primero lo sanó en su corazón, primero le quitó la lepra del alma y después el leproso le dice: "Si quieres, puedes curarme" San Mateo 8,2, y Jesús extiende la mano y toca al leproso, cosa inconcebible, y dice: “Quiero” San Mateo 8,3.
Con ese "quiero" lo libró de la lepra; a través de la predicación le había dado la fe y con la fe el leproso había quitado la barrera de la exclusión de modo tal, que este que había estado excluido, marginado, aislado, tuvo el valor, el arrojo de irse donde Jesús para ser sanado.
La Palabra de Dios tiene poder, el Apóstol San Pablo lo dice en el capítulo 10 de la Carta a los Romanos: "La fe viene de la predicación" Carta a los Romanos 10,16.
Dios hace nacer la fe y desde la sanación de la fe, produce todos los demás milagros, todas las demás obras. Es fundamental la pregunta de Jesucristo ¿Crees que puedo hacerlo?
La fe viene de la predicación.la fe es la primera y fundamental sanación del alma. "Tú eres mi Señor", esa es la proclamaciòn de victoria del cristiano; "Tú eres mi Señor", ahí empieza la sanación de la vida, cuando se dice: "Tú eres mi Señor".
Esperar que ese Señor tenga poder en su vida; sólo cuando tú le dices a Dios: "Tú eres mi Dios", cuando tú le dices al Señor: "Tú eres mi Señor".Le estás abriendo la puerta de tu casa, le estás diciendo: "¡Entra y obra!, y por eso Él entra y obra, porque tú le diste espacio para que obrara.
Pero si tu puerta esta cerrada, si el Señor no es tu Señor, Él seguirá haciendo milagros, sanaciones, liberaciones, en todas partes menos en tu casa, porque si tu casa esta cerrada al Él, no puede Él obrar donde tu lo has excluìdo.
La fe le abrimos las puertas a todo el poder de Dios y la fe significa en este caso, profesar, proclamar: "Tú eres mi Señor; te doy autorización de que obres en mi vida, te otorgo ese derecho, por ser creación tuya ya lo tienes, por eso te doy permiso, te otorgo pleno derecho, te abro todas las puertas".
"Ven, muestra en mí quién Eres tú”. Esta es la oración que abre el corazón a la fe: "Muestra en mí quién Eres tú. Que en mi puerta abierta ante ti, obres tú, Señor, y se vea quién eres tú".
El que vive esta fe queda sanado interiormente, ésta es la sanación interior; y si está esta sanación interior viene la otra sanación exterior, no sólo en lo físico sino también en lo afectivo, en lo laboral, en tantas otras cosas, la persona queda sana.
"Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacerlo?" San Mateo 9,28; "Si, Señor" San Mateo 9,28.
Esta no es la fuerza de la mente humana, es la fuerza del poder de Dios.
"¿Creen que se pueden curar?" "Si" San Mateo 9,28-29, les tocó los ojos, se curaron. El Cristo es un testigo de cuánto nos ama .
Jesucristo, el testigo que Dios sí te ama; Cristo predica ama, libera, enseña, predica de tal manera que tu vida queda cautivada por el amor de Dios, llegas a creer en Dios; entonces tú dices un día: "Yo quiero que tú, Señor, muestres en mi vida quién eres, muestra en mí quién eres tú, porque tú eres el Señor de todo.
Cuando se entiende lo que significa la fe y el poder de la fe, se entiende también con cuánto amor podemos y debemos esperar a Jesucristo.
Él es el que viene. Cristo viene ante todo como testigo, como señal elocuentísima, innegable, irrevocable del amor de Dios. Si esa señal tú la recibes y le crees, le das potestad en toda tu vida, en todas la áreas de tu vida, y Él llega y obra; y Él se multiplica en las sanaciones.
¡Qué hermoso que venga a tu vida, qué hermoso que nazca en tu alma! Navidad se está acercando, ya no para nacer en un pesebre, ya no para nacer en Belén; ¡para nacer en ti, para nacer en tu vida, en tu casa, en tu historia! Por eso leemos en Adviento esta preciosa enseñanza.
Al Señor la gloria y la alabanza.
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