sábado, 28 de diciembre de 2013
Perfecto
Nuestra fe en la Resurrección del Señor se basa en el testimonio de los Apóstoles, se basa en el testimonio de ellos; y una de las condiciones para ser apóstol precisamente era esa. "Una persona, eso lo sabemos cuando hubo que elegir el reemplazo de Judas Iscariote, necesitamos uno que haya estado con nosotros, uno que pueda dar testimonio de dos cosas: de que Jesús existió y murió y de que ese mismo Jesús resucitó" (Hechos de los Apóstoles 1,21-22).
Recibimos a Jesucristo como alimento cuando escuchamos con atención la Palabra de Dios; recibimos a Cristo como alimento, sobre todo, cuando acogemos, cuando comulgamos en su Cuerpo y en su Sangre, esa es la Eucaristía, cena de familia.
Cuando Jesús ordenó a sus Apóstoles que oraran para pedir el Espíritu Santo, no los dejó abandonados; en esa suplica fueron acompañados por las lágrimas, el cariño y la oración de María Santísima. La virgen María acompañó a los Apóstoles, y como bien dice un prefacio del misal, se convirtió en el modelo más perfecto de la Iglesia en la oración.
María con su oración nos acompaña en cada Eucaristía, Ella peregrina con nosotros y el propósito de su compañía no es que nosotros nos quedemos con Ella, sino que lleguemos a Jesús, aprendamos de Jesús, sirvamos a Jesús, adoremos a Jesús y vivamos de Jesús, así como ella misma vivió completamente el misterio de Cristo.
Ella es la verdadera discípula, Ella es también la quien nos puede
enseñar a ser discípulos de Cristo. En este día lleno de luz, lleno de color y lleno de la presencia de María, se trata de unos de los Apóstoles, el Apóstol contemplativo por excelencia, y la palabra contemplativo lo que quiere decir es: aquel que ha fijado su mirada, su corazón, su ser entero, en Cristo Jesús.
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