Consolad, consolad a mi pueblo" Isaías 40,1, dice el Señor.
San Mateo en el capítulo dieciocho. Nos cuenta cómo en la persona de Jesús, Dios ha salido a buscarnos, Dios ha salido a perseguirnos. Esto es un aspecto fascinante en la misericordia de Dios es un principio de acción. La admirable actividad de Jesucristo de pueblo en pueblo, de enfermo en enfermo, atendiendo toda clase de miserias y necesidades. Ello demuestra que la misericordia de Dios es activa.
El Señor ha salido a tu encuentro, que ya viene y que necesita que tú abras la puerta para recibir ese amor, para Isaías para desarrollar esa maravillosa esperanza y plasmarla con un lenguaje tan bello. "Consolad, consolad a mi pueblo, dice el Señor; habladle al corazón a Jerusalén" Isaías 40,1-2.
22 Son palabras destinadas a iluminar nuestra esperanza, palabras que verdaderamente surgen de un corazón lleno de la hermosura de Dios. Aunque sólo fuera por esa belleza literaria, nosotros debemos tomar el propósito, especialmente en Adviento y en Cuaresma, el propósito de acercarnos más a la Biblia. La Biblia no puede seguir siendo un libro desconocido para tantos católicos, y te digo una cosa: aunque ofrecemos con mucho cariño este servicio de predicación, nada puede reemplazar el contacto personal y cotidiano con el poder de la Palabra.
Acércate a esa Palabra, siente cómo vibra tu corazón y cómo va entrando en la sintonía de Dios, descubre a Dios mismo. Decía San Jerónimo en el prólogo a su comentario del profeta Isaías: "Desconocer las Escrituras es desconocer a Jesucristo".
El Adviento es tiempo para acercarse a la Palabra, no de cualquier manera, sino como el discípulo se acerca al maestro, como el hambriento se acerca a ese alimento que le da la vida, como el sediento se acerca a la única fuente que puede calmar su sed.
Separa un tiempo en tu día, sepáralo; mientras estoy hablando, mientras me estás escuchando, piensa en qué momento de tu día vas a tomar el Libro Santo y vas a abrir: Isaías, capítulo cuarenta; Mateo, capítulo dieciocho. Lo que nosotros encontramos es un Dios vivo, encontramos un Dios cercano; pero cercano no quiere decir cómplice, y vivo no quiere decir que podamos hacer con nuestra vida lo que a nosotros nos parezca.
El Dios vivo es un Dios que también desde el amor sabe exigir; el Dios vivo es el Dios que desde la compasión sabe implantar en nosotros un mensaje de justicia. Porque compadecerse no es dejar que se pudran en el egoísmo los hijos de Dios. Si Dios nos habla con ese amor es para que nosotros mismos seamos transformados. Jesús: "Es que Dios no quiere que se pierda ni uno solo de sus pequeñitos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario