martes, 24 de diciembre de 2013

Isaìas

"El Poderoso ha hecho obras grandes por mí" San Lucas 1,49, dice también Ella que "proclama la grandeza de Dios" San Lucas 1,46. Es un momento muy apropiado para cantar la grandeza de Dios; has visto las obras del Señor durante el día, estás listo, estás lista para unirte a la Virgen con el Magnificat, con el Cántico de María al atardecer. Zacarías, en ese cántico, está expresando el amanecer de un corazón lleno de fe; Zacarías, en ese cántico, está expresando la jubilosa preparación de un corazón que se apresta para servir a Dios con toda el alma. En ese Cántico Zacarías está proclamando la gratitud por existir y la certeza de que esa existencia, que ya es una victoria de Dios, es la primera de muchas victorias; es decir, que si estamos con Él, sólo nos puede aguardar victoria. Este es el cántico de Zacarías, el cántico con el que él celebra el nacimiento de su propio hijo, aquel hijo llamado el Precursor. Cristo está cerca. Somos llamados a vivir cada día, con la certeza de que el Señor está cerca; con la certeza de que el Señor viene. La Biblia entera termina con una súplica: "¡Ven, Señor Jesús!" Apocalipsis 22,20. La cara no proviene solamente de lo que salió de las manos de Dios o de lo que salió del vientre de su madre. Cuando usted no hace ningún gesto, la cara proviene de todos los gestos que usted ha hecho durante su vida . Hay rostros que producen cierta paz, hay personas a las que uno puede mirar y como que la mirada descansa en esa cara, si nosotros pensamos en el conjunto de la humanidad, tendremos que decir que el rostro mismo de la humanidad, lo mismo y peor de lo que antes decía de las manos, está arruinado. La carne del Crucificado no es sino el reflejo de lo que ha sucedido en el mundo, y por eso tiene que decir el profeta Isaías: “Le vimos un aspecto poco atrayente” Isaías 53,2, y también dice por ahí cerca que, "tan desfigurado estaba que ni siquiera parecía humano” Isaías 53,14. Los rastros de humanidad han huido de nuestro rostro, porque el pecado es inhumano; cuando ese pecado cayó todo de una sobre Cristo, produjo la cruz, y como Cristo tiene una Carne absolutamente sensible, en ella quedó, de acuerdo a la Carta a los Hebreos, “la impronta del ser del Padre” Carta a los Hebreos 1,3; pero como es tan sensible y como Cristo jamás se defendió, ahí quedó también la impronta de la humanidad. De manera que lo tenemos en Cristo Crucificado es el doble rostro de Dios y del pecado, y así podemos leer en un solo vistazo cuánto ama Dios y qué terrible es el pecado. Pues se ve bien especialmente en la carne del Crucificado, que nuestras ruinas han sido levantadas en la obra de Dios. "Nosotros mostramos en nuestro rostro descubierto, la gloria de Jesucristo" 2 Corintios 3,18. Dios, en Cristo, estaba reparando todas las cosas; Dios, en Cristo, puede darle descanso a los distintos fracasos y a la suma de los fracasos nuestros, pero también a la suma de nuestras alegrías y a la suma de nuestros éxitos. Todo lo humano, todo lo bueno que hay en la humanidad, todo eso encuentra eco en Cristo. Llenos de fe, por haber escuchado la Palabra de Dios, otorgarle poder,nos rendirnos ante la Carne glorificada de Jesucristo, para que esa Carne, entrando en nosotros, renueve todo en nosotros, de manera que nuestras manos sean como prolongación de las manos de Cristo, de manera que nuestro rostro sean como un reflejo de su gloria, de manera que nuestras palabras sean un eco de la Palabra increada. Comulgar, especialmente es saber que esa Carne es la única Carne eterna. Nosotros los cristianos tenemos que tener los ojos bien abiertos y los oídos bien despiertos a todo lo que sea Jesús. Todo aquello que se llame Jesús, tiene un significado para nosotros. Cristo habla cuando habla y Cristo habla cuando calla. Su silencio nos habla y su palabra nos enseña; Cristo enseña, Cristo revela cuando hace cosas, pero Cristo revela, si se quiere más, cuando padece cosas. Cristo habla en sus milagros, también habla con su sueño. Sus lágrimas, sus sonrisas, sus bendiciones, su cansancio, todo en Él es lenguaje de Dios, por eso nosotros podemos encontrar eco de todo lo que es nuestra vida humana en la vida de Cristo, podemos hacer de Cristo nuestro lenguaje para hablarle a Dios. Es la misma vida que Cristo nos comunica a nosotros por medio del Espíritu, así también nosotros los cristianos nos convertimos en lenguaje de Dios, esta vez para el mundo. Cristo ha sido voz de Dios para nosotros, nosotros, ungidos por el Espíritu de Cristo y habiendo comido la Carne de Cristo, nos convertimos en lenguaje de Dios para el mundo. Ese es el misterio, esa es la Carne que celebramos, tierna y débil, pero victoriosa en el pesebre. Y así hay que llamarla: victoriosa, como nos enseña el Profeta Isaías cuando dice que: "Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Is 52,10

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