sábado, 28 de diciembre de 2013

Mirar

Contemplar es mirar con especialísima atención, es mirar con total amor. Una vida contemplativa es una vida centrada completamente en el misterio de Dios. Juan no era lo mismo que Pedro, Santiago no era lo mismo que Mateo y, sin embargo, todos ellos eran de alguna manera necesarios para esparcir la semilla del Evangelio. También tu vida y mi vida: somos diferentes, tenemos quizás distintas costumbres, tenemos distintas preguntas, tenemos distinto nivel, qué sé yo, cultural, o lo que sea, poco importa eso delante de Dios, lo que importa es que cada uno, con el bien que ha recibido, se apreste para servir con alegría, con empeño, con perseverancia a Cristo que es el Señor de todos. San Juan recibió gracias especialísimas, los talentos, los dones que Dios le dio son completamente singulares. En la tradición de la Iglesia a este Apóstol que estamos recordando se le llama o se le identifica con la figura del águila, el águila que ama la altura, que fija su mirada en el sol, el águila que en su majestad como que hereda algo de la luz que bebe, que recibe del sol. San Juan ha sido comparado con esta águila, San Juan ha sido comparado con el águila, porque los escritos de este apóstol tienen una profundidad, tienen una anchura, nos abren un horizonte que solo podemos decir: "Tuvo que ser un don de Dios". Dios lo levantó para que pudiera ver mucho más lejos, mucho más alto, mucho más profundo. Este es el Evangelista del tomamos texto para la Fiesta de Navidad. Hace unos días escuchábamos el comienzo del evangelio de Juan, es como una sinfonía de amor y de teología, es el Evangelista que le regaló a la Iglesia y al mundo esas palabras, que si uno las medita, lo hacen llorar de devoción y de gratitud: “En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios” San Juan 1,1. Es el Evangelista que nos regaló también este texto: “Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que aquel que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna” San Juan 3,16. Es el Evangelista que nos regaló también este otro artículo “Jesús, habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo” San Juan 13,1. Es el Evangelista que nos regaló también este otro texto “Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; a vosotros os llamo amigos, porque os he dado a conocer todo lo que recibí de mi Padre” San Juan 15,15. Es el Evangelista que también nos dio este otro texto, en palabras de Cristo: “Yo soy la vid y vosotros los sarmientos. Fuera de mi, apartados de mí, nada podéis hacer” San Juan 15,5,6.

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