lunes, 30 de diciembre de 2013

Otorgo

Recibir a Cristo como Señor de nuestras vidas. De una manera muy humana, muy hermosa, contándonos las obras de amor de Jesucristo tienen el despertar el amor en nosotros. “Obras son amores, y no buenas razones”. Hay que producir obras. “Así, dice el Señor: “El Líbano se convertirá en vergel, el vergel parecerá un bosque, aquél día oirán los sordos”" Isaías 29,17-18. “Verán los ojos de los ciegos, los oprimidos volverán alegrarse con el Señor” Isaías 29,18. "Verán los ojos de los ciegos" Isaías 29,18, ese es tiempo futuro. “Aquel día el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera, manjares enjundiosos y vinos generosos" Isaías 25,6. Un banquete. Promesa, promesa: viene un banquete. Leamos “En aquel tiempo, Jesús bordeando el lago de Galilea, subió al monte y se sentó en él” Mateo 15,29. “Me da lástima esta gente” Mateo 15,32. Y más adelante: “¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciarlos?” Mateo 15,33. Él es el Hijo de Dios, es el Cordero, tiene compasión, Él sólo sabe tocar a tu puerta, y si tú le abres, y si tu le crees. “Entrará y cenará contigo, y tu cenarás con Él” Apocalipsis 3,20. Eso es lo que va a suceder, cenará contigo, como dice el libro de los Proverbios: “Te dará del vino que ha mezclado, te dará del pan que ha preparado” Proverbios 9,5. En la cruz a fuego de amor se cosió ese pan; en la cruz, gota a gota, se destiló ese vino, ¿Lo quieres? ¿Estás dispuesto a creer esta vez? ¿Estarías dispuesto a abrirle la puerta? Mateo lo hizo. Mateo estaba lleno de escepticismo, y de dolor, y de miedo y lo hizo; la samaritana estaba llena de resentimiento, de venganza y de odio, y lo hizo. ¿Te atreverías a abrir la puerta Y decirle: “Sigue, ven, cenemos; ven, dame de tu pan; entonces, dame de tu vino, y que lo beba, dame de ti; Señor, hace tanto tiempo que te espero?” Jesúsestá cerca, Jesús viene, ábrele, créele. Jesús, con la predicación, curó de tal manera la sensación de soledad y de exclusión que tenía el leproso, que cuando Jesús terminó de predicar este leproso, venciendo todo prejuicio y contradiciendo toda costumbre, se va donde Jesús. Primero lo sanó de la exclusión espiritual, primero lo sanó en su corazón, primero le quitó la lepra del alma y después el leproso le dice: "Si quieres, puedes curarme" San Mateo 8,2, y Jesús extiende la mano y toca al leproso, cosa inconcebible, y dice: “Quiero” San Mateo 8,3. Con ese "quiero" lo libró de la lepra; a través de la predicación le había dado la fe y con la fe el leproso había quitado la barrera de la exclusión , que este que había estado excluido, marginado, aislado, tuvo el valor, de irse donde Jesús para ser sanado. La Palabra de Dios tiene poder, el Apóstol San Pablo lo dice en el capítulo 10 de la Carta a los Romanos: "La fe viene de la predicación" Carta a los Romanos 10,16. La fe es la fundamental sanación del alma. "Tú eres mi Señor", esa es la proclama de victoria del cristiano; "Tú eres mi Señor", ahí empieza la sanación de la vida, "Tú eres mi Señor". Por la fe le abrimos las puertas a todo el poder de Dios y la fe significa en este caso, profesar, proclamar: "Tú eres mi Señor; te doy autorización de que obres en mi vida, te otorgo ese derecho, por ser creación tuya ya lo tienes, pero como tú me creaste libre,por eso te abro mis puertas, otorgo pleno derecho.

No hay comentarios:

Publicar un comentario