"¿Serán pocos los que se salven?" San Lucas 13,23.
Jesús no utiliza ese lenguaje, Jesús no habla de esa manera. La pregunta que este hombre hace, es una pregunta, en el fondo, por su propia convicción; es una pregunta, en el fondo, por su propia salvación.
"Es imposible que la misericordia de Dios deje que alguien se condene", pero, un momento, es que la misericordia de Dios no está separada de la sabiduría de Dios ni del poder de Dios y el poder y la sabiduría, y la misericordia nos han hecho libres.
La respuesta de Cristo es para que nosotros sepamos a dónde está el camino, cuál es el camino para alcanzar nuestra propia salvación. Jesús es muy claro, dice Jesús que, "hay que hacer la voluntad del Padre" San Mateo 7,21; dice Jesús que no es asunto de fiarse de que, "yo soy descendencia de Abraham", ni es asunto de fiarse de que, "yo he comido y bebido contigo".
Lo único que nos salva es hacer la voluntad del Padre y la voluntad del Padre es, sobre todo, que creamos en el que Él ha enviado, que nos fiemos de Él y que seamos obedientes a Él, porque el que dice que cree en Jesús, y el que dice que es cristiano, ha de decirlo también con sus obras.
El camino es que no te fíes de aquello que te podría hacer sentir seguro, en la humildad y recibiendo gracia y como un regalo lo que Dios te ha dado, creyendo en el que Él ha enviado, allí encuentramos vida y vida perdurable.
Que Dios Nuestro Señor se glorifique en nosotros para que esas puertas de misericordia, que se abren a todos los pueblos, sean puertas por las que nosotros podemos entrar y celebrar la gracia que nos da la salvación.
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